viernes, 25 de noviembre de 2011

En camino.

 
Nos hemos puesto en camino.

La verdad, escribo esto porque leí los blogs por encima del hombro de Edouard, un buen día, y pensé que quedaría mal que no me despidiera.

Escribí en este Blog porque me lo pidió Braulio. No es mi costumbre contar por ahí lo que hago, pero entendí que era un asunto de comunicación entre nosotros y que había que seguir. Ahora solo aspiro a sobrevivir, y a conseguir que Edouard se quite la barba, que le hace demasiado viejo. Y a que me dejen tranquila.

Bueno, quizá tenga que poner algo más. Me dice Edouard que muchos zombies se han quedado en pie, libres para vagar. Son aquellos que levantó Pabrich. Edouard está... parece contento, pero pienso que me ha dejado caer esto por algo. Se le ha metido en la cabeza hacer el camino de Santiago, así que, junto con algunos de los Hijos del Caos, estamos en ello. Ahora estamos juntos. Y... ¿sabéis? Voy a ser madre. 

Adiós, compañeros de aventura.

O, mejor dicho, ¡hasta la vista!

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tierra.

La historia de la tierra, que es el grano más diminuto de todos los granos en el más diminuto rincón del universo, es rica en catástrofes.

Pero a mi escala, mientras me duró el trance, sencillamente significaba que, de tanto en tanto, la diosa cambia de postura en su largo sueño. Cambia cuando algo, algo como la picadura de un mosquito, le perturba.

Entonces se estremecen los continentes, los mares se encrespan, el cielo se cubre de cenizas... toda la vida en su superficie se reorganiza, caen las civilizaciones... acaba un ciclo y otro comienza. Otro ciclo más del largo sueño de la tierra.

Ese poder, fuera completamente de mi voluntad, fue el que me fue dado esgrimir.

REBECAAAA, REBECAAAA, NO MATES A ROLANDO…. LA PROFECÍA ES FALSAAAA, NO DISPARESSSS

Yo me había ido arrastrando como un gusano. Todos se habían olvidado de mi. No dejé que la inmensidad me atemorizara. ¿Frotaleza? Yo era un apéndice tan solo. Un órgano excretado para un fin por un ser imposible de concebir para vosotros que leéis. Apenas, yo tuve un leve vislumbre (Brau, mi Brau me ayudó en el último momento)

Esas palabras fueron el disparador de la hecatombe: las columnas se estremecieron, el aire se volvió sólido de veras, dando de lado, de un plumazo, a todo el poder concentrado por la sangre de los vestidos de blanco, y del rey. Se hicieron evidentes ejércitos de espíritus en el aire, antes invisibles. El patrón se volvió una acuerela imposible de desentrañar.

Durante un instante fui la tierra, sentí el picotazo de un insecto miserable, y aplasté, distraída al culpable de la molestia.

La fortaleza colapsaba, como en las mejores películas. El rey, ya no más una molestia para la madre, seguía vivo. Los dragones lo habían protegido de lo peor, muriendo.

Tengo recuerdos muy vagos de todos estos sucesos, ya que los vi con sus ojos, los de ella, y ahora que soy completamente humana no alcanzo a descifrar la información: he debido quemar muchos circuitos en el esfuerzo de abarcar lo inabarcable.

Tras el desenlace, que otros contarán, Loa intentó dañar a Rebeca y a Blanca. Recuerdo que comprendí que mi intervención supondría para él una desobediencia fatal, pues supuso su ¿muerte?... Ja. Se transformó en polvo, literalmente. La forma gaseosa de su alma quedó al descubierto, durante un instante, asombrada. Las horribles cicatrices que sus prácticas impías habían dejado en ella daban verdadera pena. Pero fue un instante apenas, porque sopló un viento poderoso que se la llevó como al humo hacia el cuerpo atormentado de Rolando. Bastó, creo, para protegerle de la furia de la madre. O su propio poder. No fue la voluntad de la madre, eso lo se: ella actuaba indiferente a los detalles.

Miembros cercenados de los dragones, machacados, todos revueltos con tierra y sangre caían, atraídos de nuevo por la gravedad. A mi casi me enterraron. Solamente sobresalía de todo ello parte de mi cabeza cuando me encontró Edouard, al final de todo.

-He cumplido con el destino que me había sido reservado, mujer-tierra. Pues para eso estaba aquí. Para eso te he seguido a tí, que te arrastrabas como el menor de los gusanos, arrastrándome a tus pies, sin que lo notaras. Ella cuida de sus órganos de percepción y cuida así de ti.

Sonrió. Me desenterró y me sacó de ahí.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Batalla en los cielos y en la tierra.

Como podréis ver, hemos sobrevivido. De lo contrario no estaría escribiendo esto.

"Hemos", quizá sea una palabra muy optimista, yo he sobrevivido, y por eso escribo. No adelantaré más acontecimientos.

La batalla estaba perdida. Estaba perdida antes de comenzar. Aquella estructura gigantesca, casi hermosa, vomitaba muertos. Era una masa compacta de cuerpos que se movía al unísono, en formación. No podían hacer más, pero era suficiente. Estaba perdida también cuando vimos al ejército de Blanca, Blanca que vino subida en su dragón a ver cuales eran nuestras posiciones, para así organizar su propio ataque.

En la lejanía se podía ver el vómito de la montaña del enemigo. Nosotros habíamos permanecido en un alto, ya que ellos abandonaron la fortaleza para atacarnos. Teníamos una pequeña sorpresa... pequeña, como luego se vió.

Rodrigo, por una vez, permaneció guardando la línea de batalla, sin salirse. Las atrocidades cometidas le habían enfriado, en cierto modo. Todos sabíamos que era una frialdad calculada: la suficiente como para elevar en proporción geométrica el nivel de destrucción que necesitaba conseguir. No obstante, la espada sin Brau se iba haciendo con el alma de su portador, de manera inevitable.

Blanca nos saludó con la mano y volvió a su frente. Sus nagashi formaban con perfecta disciplina.

Comenzó la batalla y comenzamos a perder. Sabíamos que esta enormidad no era el ejército de verdad. Eran muertos estúpidos, muertos destinados a rodearnos, a encenagarnos, a debilitarnos durante días de lucha. Destinados a propagar infección y enfermedad. El trabajo fue muy duro. Nos daba igual pararlos. Ya la peste nos comenzaba a asfixiar. Las moscas que los acompañaban nos aturdían, eran agresivas, se nos metían en los ojos.

Los de la mano vacía se reservaron. Su fuerza siempre ha sido golpear el punto débil, el menos esfuerzo y el mayor resultado. Los muertos no eran el objetivo más indicado para ellos.

Era cuestión de arma blanca.

La nube de moscas, inmensa, nos impedía ver cómo le iba a Blanca. Pasó un día. Durante un tiempo pudimos ver mejor, porque un compañero de los hijos consiguió poner en marcha el lanzallamas, un artefacto de guerra, con el que había estado experimentando. Esto expulsó las moscas y vimos que Blanca estaba perdiendo terreno. Al lanzallamas se le gastó enseguida el combustible, no pudimos ver más.

Anochecía. La gente se iba cansando. Pero los muertos nunca se cansan. Hacíamos uso de sus miembros cercenados para levantar barricadas, verdaderas montañas de carne corrompida. Las moscas si que pararon con la oscuridad.

Pero Rodrigo no parecía desanimado. No se dejaba convencer por los timoratos que le pedían que abriera una vía de escape. Todo el día habíamos estado avanzando o permaneciendo en alguna posición.

-Con la noche llegará nuestra esperanza, ya lo veréis. -Decía.

Bien, para ver estaba demasiado oscuro, pero sentimos el suspiro, el lamento de los difuntos. Comunicado con el mundo de los espíritus como estaba, Rodrigo lo sabía de sobra. Pero a mi y al grupo que me acompañaba nos lo dijo Edouard, el chamán. Respiró el aire y sus tatuajes parecieron comenzar a moverse por si mismos.

-Ah, la mujer airada llama a los espíritus de los difuntos.

Eramos el grupo de vanguardia. Yo me enteré de todo, porque me paso las batallas, desde aquel día en que maté a mi amante, Peret y a muchos otros, mano sobre mano. Soy el arma de último recurso, porque de entrar en acción peligraría también nuestra gente. Estaba tranquila, relativamente. Y los cadáveres recuperaron... su esencia. Los espíritus dueños de esos cuerpos volvieron debido al efecto creado por Rosario. Revivieron de verdad y tal fue el horror reflejado en sus caras, que todos paramos, y nos estremecimos.

Todo el ejército del Rey, del Dragón, ese cuya vida era una burla de la vida. Todos los zombies comenzaron a suicidarse, a desmembrarse, a devorarse. Nos apartamos de ahí, acongojados y con miedo, pues no eran inofensivos en modo alguno. Llenos de cólera se destrozaban. Los mejor conservados se hicieron con combustible y armas blancas, y antes de suicidarse, acababan con todos los compañeros que les rodeaban.

Así acabó el ejército de Zombies del Rey. Así pudimos, por fin, enfrentarnos a sus verdaderas huestes. Por encima de una muralla de carroña, asistidos por algunos de los zombies más valientes (y dado el número inicial, eran una buena cantidad)

Sus jefes provisionales nos dijeron por señas que perpetrarían su suicidio haciendo de carne de cañón para nosotros.

Pero ¿Y los cielos? Los cielos eran de Blanca Cueto.

jueves, 27 de octubre de 2011

Después de matar.


Me siento un poco mejor, después de matar.

Por fin, gracias al león, nos hemos podido quitar el óxido de las articulaciones y, lo que es mejor, de la mente.

Ahora los restos de Brau ya no me hieren y atosigan. Su espectro se ha deslabazado, ha dejado de atormentarme con su cháchara dolorosa.

Dejé mi narración tras reencontrarnos con los hijos del caos. Veo que Andy ha contado gran parte de lo que pasó después. Sólo diré que el chamán de los hijos, uno de sus más poderosos despertados, logró estabilizar a Espiga de Arroz, haciendo útil el sacrificio de Brau.

¿Dónde ha ido? No lo se. Solo sé que llevo días luchando con lo que ha dejado atrás: un fantasma sin seso que repetía sus últimos pensamientos de la manera más dolorosa posible para mi. No se si sigue habitando la espada, no se si ha muerto, no se dónde está.

El chamán del que hablo se llama Edouard. Francés, como su nombre indica. Sospecho que, sobre todo en los últimos días, se mantenía en contacto con Brau, y planeó la ¿doma? de la espada. Aunque el sacrificio de Hidalgo fué, finalmente, imposible de evitar.

Cómo le ha dado por los pitufos a Edouard, y porqué se viste de blanco y se tatúa de azul, no lo se. Pero esa obsesión particular de los hijos viene de él. De algunos. Muchos se cansaron de chorradas y se han venido con nosotros. Joao y los demás nos apoyan, pero no se van a dejar ver.

Edouard estaba fascinado conmigo. Recuerdo la batalla en la que, por fin, eclosioné. No diré más, no me gusta comentar ciertas cosas, ciertas palabras, ciertos momentos.

Ahora estamos frente a un montón de rocas. Hay mucho trabajo por delante.

jueves, 20 de octubre de 2011

Rosario




Hoy sentimos aquel golpe inexplicable. Sentimos con él que la marea del mundo cambiaba, y que todos los acontecimientos se iban a precipitar.

Buscábamos de nuevo a los Hijos del Caos. Comenzábamos a padecer el frío, la lluvia. Los de la mano pueden soportarlo, gracias a sus técnicas de respiración, que les permite controlar la temperatura del cuerpo. Pero consumen más energías de lo habitual, y no es raro que tengan que comer seis veces a lo largo del día. Por eso nos paramos en un pueblo y nos pusimos a buscar algo de abrigo.

Ellos habían pasado por aquí, no había carteles sanos, ni señales en todo el pueblo.

En un cementerio, por el olor, encontramos una pila de cadáveres muy viejos ya. Estaban desnudos, y los animales no los habían tocado. Un enigma. Pero cerca, embutida en un mausoleo muy cuco, estaba toda la ropa de aquella gente. Cada tumba tenía una estatua de estilo romántico, vieja y gastada.

Nos estábamos probando prendas cuando llegó el golpe. Algo así como un alarido mental, un estremecimiento muy profundo. Me puse a pensar en Pilar. Y en Rosario... Rosario.

Rodrigo estaba de pie sobre una lápida bastante grande, vigilando los alrededores. Sintió el golpe, como nosotros, pero además añadió:

-Escuchad, me está hablando Brau... Pilar ha muerto. ¿Rosario? Si. Dice que esto ha sido cosa de Rosario.

-Ahora es el momento- dijo una voz. Las estatuas que nos rodeaban, las estatuas ya no estaban. Se habían desvanecido. -No os mováis -continuó la voz.

Era un tipo barbudo que había estado todo el rato a dos metros de mi, envuelto en la ilusión que alguien había conjurado. Un tipo grande, barbudo, canoso, muy fuerte y arrugado. Llevaba algo parecido a un gorro andino, de color blanco, y por la cara tenía tatuados multitud de arabescos azules. Tenía los ojos también azules. De su cuello, resaltando sobre la chaqueta, tenía colgado un circuito pintado de rojo. -Estáis en peligro-. Noté que no quitaba ojo a algo a mi espalda, pero no quería arriesgarme a dar la vuelta.

-Mira, mujer, el peligro no soy yo, sino Rodrigo.

Me fié de él, y miré. Rodrigo luchaba, con la mano en la empuñadura de Espiga de Arroz. Una lucha interior.

-¡Brau!- Grité. -¡¡Brau!!

-Ssssh... sssssoy libreeeee-, susurró Rodrigo, con otra voz. Entonces todo comenzó a pasar muy deprisa.

No puedo seguir escribiendo. Dice Aaarn, el anciano jefe de los Hijos del Caos, con los que volvemos a estar, que el mundo del espíritu ha cambiado. Rosario está haciendo algo en él, desesperada por vengarse de la muerte de Pilar.

Brau, Brau.

Estoy tan cansada. Mañana seguiré escribiendo, u otro día. O nunca. Adiós, hasta entonces.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Otra vez, sangre.

Hoy he recibido la visita de Brau. Hacía ya varios días que no venía a mi.

Vamos hacia el Norte. Seguimos una senda errática, en zig zag. Retrocedemos. Nos paramos en algún lugar. Pero, definitivamente, vamos hacia el Norte, intentando no encontrarnos con ellos, con los hijos.

Los hijos del caos nos rodeaban por todas partes. Sus cantos, que parecía que vibraban en los huesos, los cantos que utilizaban durante las celebraciones del culto hacían un efecto extraño en las tierras por las que íbamos pasando.

Los hemos abandonado, inseguros una vez nos hemos dado cuenta de sus planos, puede que sea útil que describa sus costumbres, pues tememos que terminen siendo nuestros adversarios.

Un día, estando con ellos aún, volvimos sobre nuestros pasos, a una ciudad dormitorio, afueras de París. No se el nombre. Como, cuando la visitamos por primera vez, iba en el centro de la marcha, todos los indicadores (tiendas, letreros) ya habían caído en manos de los hijos en vanguardia, o estaban tachados, o quemados y no pude saber el nombre.

Cuando volvimos a ver la ciudad, las hierbas habían crecido en las grietas del asfalto. Todo parecía más viejo, más gastado. Había más cristales rotos y pudimos cazar ciervos para comer. La naturaleza había apresurado su paso.

Yo estaba esperando la visita de Brau, que no llegaba. Necesitaba verle, estar junto a él. Me empezaba a parecer que había muerto de veras. Me volví algo peligrosa. Los hijos del caos lo percibieron instintivamente y se alejaron. Pude controlarme en lo que respecta a mis demás compañeros.

Pues bien, hoy recibí la visita de Brau, por fin, cuando descansábamos. Estaba muy delgado.

"Sangre, necesita sangre, jaaaajajajaja" se reía como él hace, con un gesto amargo en la boca.

"Escucha, Adela" su gesto se deshizo en una mueca, como el del que intenta llorar y no puede.

"Quiere sangre, y no puedo, no puedo obligarla a que de su oráculo, creo que no es porque no quiera, es que sin sangre no puede hacerlo."

"Pues dale la mía" le dije.

"No. Si le diera sangre se volvería demasiado poderosa para mi, nos destruiría a todos. Los primeros días, cuando todavía estaba fuerte, podríamos haberlo hecho. Pero estoy débil, no podría controlarla. Durante esos días me pudo la soberbia, y ahora es tarde"

Tenía un gesto de sencilla desesperación. Me abrazó, se acurrucó entre mis pechos y estuvo sollozando un rato. Levanté la mirada y vi... vi que Rodrigo se movía en sueños, que tanteaba con la mano. Abría los ojos, fosforescentes. Brau percibió mi tensión y le miró. En un instante se volvió translúcido y se arrojó hacia la espada, antes de que Rodrigo la alcanzara. Lo último que alcancé a ver de Brau, fue una mirada de desesperación al sumergirse en ella.

Luego Rodrigo se durmió.

Yo me quedé despierta. Y así sigo, torturándome con mil preguntas.

¿Es cierto lo que cuenta Blanca, que el líder del ejército del dragón es el Rey y que está esclavizando humanos? ¿Por qué Rebeca no se comunica desde que Rolando ha vuelto del infierno? ¿Qué debemos hacer a continuación?

sábado, 24 de septiembre de 2011

Los Hijos del Caos.

Bajando por la vertiente Norte de los Pirineos, hemos comenzado a conocer verdaderamente a los Hijos del Caos.

Hemos tenido un viaje muy intranquilo hasta llegar aquí. Al principio la espada era inestable, Rodrigo dormía mal, y se encontraba agotado durante toda la jornada.

Nuestro primer encuentro con los Hijos del Caos, antes de las montañas, acabó en pelea. Eran una tropa de hombres, mujeres y niños, vestidos estrafalariamente, pero bien organizados y mejor armados. Teniendo en cuenta cómo se llaman, era extraño tanto orden, tanta disciplina.

Estábamos en una hondonada, en una carretera secundaria que atravesaba un robledal precioso. Los colores del otoño se comenzaban a formar en las manchas de hayedo que veíamos de cuando en cuando.

Aparecieron como de la nada. Nos rodearon, apuntándonos con sus armas. Nos pillaron completamente desprevenidos.

Pero Rodrigo sacó a Espiga de Arroz y todos se volvieron a ella, como hipnotizados, por un instante. Un instante es lo que necesita la mano vacía para actuar. Poco pudieron hacer tras perder la iniciativa.

Rodrigo se quedó rígido durante la lucha, con la espada desenvainada, como en actitud de ataque. Dice que hay momentos en que la lucha entre Brau y la sombra se recrudece. Parece que este fue uno de esos momentos. Nos ha contado que Brau trata de evitar que pruebe la sangre: el oráculo exige sangre, pero Brau exige antes vaticinios. La negociación, por el momento, está en un punto muerto.

Ahora nos encontramos en cónclave con los Hijos del Caos, en un pueblecito francés, de montaña. Es una agrupación grande. Nos llevó a ella una comitiva, que se acercó a nosotros en son de paz. Hidalgo nos aconsejó confiar en ellos. Escribo esto en la iglesia, que han vaciado de todos los símbolos cristianos, han hecho un altar con huesos y pieles. Encima, alrededor, debajo, por todas partes, han puesto imágenes de pitufos. Desde las figuritas típicas de Kinder Sorpresa hasta tebeos, posters, cds de música y dibujos burdos, hechos con sangre, barro y excrementos. Todo muy artístico. Sugerente. Encima del altar, junto con una daga ritual y un cáliz al que han quitado la cruz, hay una carta grande, una sota de espadas. Pero una de las cabezas de la sota tiene un papel que le tapa la cara, sobre el que hay pintado un retrato bastante bueno de Brau. La otra cabeza de la sota está completamente cubierta con rotulador negro.

Brau que todavía me visita muchas noches y que parece más consumido a cada visita.

Ahora vamos a reunirnos con la plana mayor de los Hijos. Hemos estado reposando todo el día. Todo el rato han estado llegando al pueblo más y más de ellos.

Ya os seguiré contando.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El señuelo.



Nos acercamos a Manzanares el Real desde el Norte. Por qué tuvimos que dar semejante rodeo, solo Brau lo sabe, pero nos aconsejó hacerlo así.

A partir de Balsaín, nos rodearon espesos bosques de pinos. La carretera serpenteaba. El tramo a partir del cual la cuesta comienza a ser penosa, cerca del puerto de Navacerrada, se llama "las siete revueltas" y, quién sabe, quizá ese fuera el motivo del rodeo. Ahora Brau es más extraño y caprichoso que nunca.

Pasamos el puerto, donde hacía ya bastante frío. Procuramos hacer noche ya en la cara Sur de la sierra. En el pueblo de Navacerrada despachamos a una turba de supervivientes que nos pretendían robar... a nosotros. Espiga de arroz, los mano vacía y yo dimos cuenta de ellos.

Nuestros caballos ya casi formaban parte de nosotros. Las agujetas propias del jinete novato se nos iban pasando. Los animales parecían habernos adoptado, a pesar de que era patente que el carácter de algunos de ellos no era amigable, nos dábamos cuenta de que habíamos alcanzado, cada uno con el suyo, un estado parecido a la simbiosis.

A partir de ahí, todos los demás núcleos de población -incluyendo el pueblo de Manzanares- estaban muertos y vacíos. Pasto de los cuervos, de los lobos y perros asilvestrados, y de los buitres.

Brau cuchicheaba con Andy y con Rodrigo. El violinista ensayaba una curiosa melodía.

Rodrigo. Me di cuenta de que Rodrigo miraba a Brau con un nuevo respeto. No intenté sonsacarle nada de lo que planeaba: bien sé que soy una nueva persona. Puede que algún día me moleste en contar en qué consiste el cambio que sufrí durante la batalla.

El Castillo está a los pies del embalse de Santillana. Cerca hay una rotonda, adornada con la estatua de un gato, que encontramos tirada y llena de pintadas, quién sabe porqué razón.

Brau, Andy y Rodrigo nos pidieron que permanecieramos ahí, esperando. El cielo, la hierba, las casas, parecían como teñidas de una extraña negrura, vista más con el ojo interior que con los normales. Todo el pueblo olía a podredumbre de poco más de dos semanas: he aprendido a distinguir estos matices.

Volvieron al amanecer del día siguiente. Andy venía empujando la silla de ruedas de Hidalgo, con Hidalgo en ella, silencioso y pálido. Rodrigo venía llevando el cuerpo muerto de Brau. Y sin embargo, me sentí tranquila. Todavía lo estoy. Entonces mi tranquilidad era asesina.

-Será mejor que me cuentes lo que ha pasado-. Mi voz prometía dolor y sufrimiento.

Rodrigo, actuando despacio, con extrema cautela, como quien trata con un animal peligroso, desenvainó la espada y la clavó en el suelo, delante mío. Inmediatamente la hierba alrededor de la hoja se marchitó.

-Será mejor que te lo cuente él, princesa-, dijo.

Braulio apareció, salido de la hoja. Me contó todo lo que había pasado. Cuál fue su plan y sus consecuencias.

El cuerpo de Brau fué el señuelo, el cuerpo vacío con el cual tentaron a la sombra. Brau le facilitó el camino irrumpiendo en su santuario, en forma astral, abriendo así su guardia a propósito.

Andy tocó la canción para ocultar la espada, y para confundir a la sombra. La espada, de proporciones clásicas, sonaba con un tono preciso, mágico. Su metalurgia, cuidadosa y pura, no solo había creado un arma excepcionalmente flexible y resistente. La espada era, además, semejante en todo a un instrumento musical. Bastó tocar el hechizo al violín en un tono armónico con el de la espada, bastó confundir con él a la sombra para que no se diera cuenta del peligro, pues la espada sonaba por simpatía, y desapareció para ella, se mimetizó. La sombra se abalanzó sobre el cuerpo vacío de Brau, y Rodrigo salió de su escondite, y atravesó el corazón del cuerpo de mi hombre.

 Con su estratagema, Brau atrapó al vampiro en un cuerpo adecuado para él. Atrapó al oráculo, peligroso y sanguinario, la imagen del ansia, en una espada creada para él.

Rodrigo me ha dicho que, al principio, se sintió dominado por la espada. El oráculo, a través de la empuñadura, dominó su mente con un ansia de vida bestial. Andy estuvo a punto de sucumbir, asesinado por culpa de ese ansia, pero Brau había seguido al vampiro dentro de la espada, y compartía su cuerpo, y ahí sigue. Consiguió dominar al oráculo, porque es un yonki. Un especialista en estas cosas. Él ya sabe lo que es el ansia, y sabe cómo combatirla. Ahora, Brau, un tipo completamente inelegante. El típico capaz de vestir camisa de leñador pesando cincuenta kilogramos, y de calzar zapatillas de deporte, a su edad, es el contrapunto del Oráculo, tan siniestro, tan seductor, tan maligno y descontrolado, puro. Brau se descojona de su pureza, y la domina.

Esta noche me ha visitado en sueños. No existen prisiones para su espíritu. Con eso contaba, pues su poder es ese, precisamente. Vi su cordón de plata salir de la empuñadura de la espada y al oráculo rabiando en su interior, revelándose en las filigranas de la guarda.

Me ha dicho que no puede estar fuera demasiado tiempo, porque en cuanto abandona el arma, la mente de Rodrigo comienza a ser roída pacientemente por el poder desdoblado de Hidalgo.

Pero nos ha dado tiempo de hacer el amor.

Por eso, a pesar de todo, me encuentro bastante tranquila. La vida de Brau será la vida de la espada, es su nuevo cuerpo.

Durante todo el día de hoy hemos caminado hacia el Norte, por la Nacional I, a caballo. Vamos a Francia.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los locos de la música y la espada.

Desde que estamos con el loco de la espada y su compañero el violinista, andamos muy entretenidos.

Adela, yo, Andy los compañeros de la mano vacía, los resucitados de no Faustino y una manada de caballos a los que conseguimos seducir gracias a algunos sacos de pienso y... no voy a revelar todos mis secretos eh... formamos una buena compañía por las llanuras castellanas.

El día en que supe dónde se encontraba Hidalgo, de viaje, estaba intentando penetrar desde fuera el laberinto de la Madre Tierra, esa herida tan antigua, y ver si podía ayudar de alguna manera a Rebeca y a los suyos. Hablaba con una especie de puñeteros pitufos. Imaginadlo, pitufa por aquí, pitufa por allá... un tostón. A veces los espíritus de la naturaleza toman formas tomadas de la imaginación humana, como una travesura de significado oculto para mi. Sobreimpresa en sus cuerpecitos azules veía lo que pudiera ser su verdadera forma: pequeños animales retorcidos, hechos de tierra y raíces, y de sangre latiendo en venas al descubierto.

Amanecía ya, y el tiempo se había dilatado desde el abandono de mi cuerpo, tanto, que habían pasado años, años de lecturas en bibliotecas perdidas aquí y allá. Años siguiendo pistas, y el rastro del laberinto.

Los pitufos guardaban el umbral del laberinto, el portal que formaban dos sauces con siete ramas, de las que salían siete ramas, de las que salían siete ramas más, de las que brotaban siete hojas y siete flores. Dos veces tres por siete, y de nuevo el dos en forma de hoja y flor: un misterio que ya nunca podré resolver, y la llave de la puerta, seguramente.

Harto de que me dijeran "no" de las maneras más enrevesadas, me di la vuelta, no sin hacer el signo de la buena espera. Sin educación no se gana nada, más que enemigos, por estos lares. Entonces vi un castillo al pie de una sierra. Un castillo brillante y luminoso.

Mirando de reojo me despedí lo mejor que pude de los espíritus y volé alarmado, y vi el castillo desligado de la visión que había tenido a la entrada del laberinto, tal y como estaba en ese instante. Manzanares el real, el castillo de los Mendoza, en la sierra de Guadarrama, al pie del Yelmo, una masa de granito redonda entre berrocales inmensos y pinos, y valles regados por diversos ríos. Y escuché una música.

Alguien sacudía mi cuerpo... el loco de la espada con sus ojos rojos de no dormir bien. Adela le miraba con una peligrosa benevolencia mientras me sacudía. Entretanto Andy tocaba el violín, y esa era la música que había oído.

Visto el post de Hidalgo, y mis vivencias de la noche, creo que ya se cómo armar una pequeña trampa para la sombra, si. Música y filo nos ayudarán, y una pequeña cancionceta que me sé, pues Hidalgo se encuentra encerrado en ese castillo.

Esperanzas, no tengo muchas, pero cuando la mente ha visto lo que hacer ya no queda sitio para quedarse ocioso entre el cielo y la tierra: acabamos de ensillar a los caballos, uncir el carro y empaquetar todo lo necesario para el viaje.

Si, todo el mundo dirá que se nos olvida un pequeño detalle sin importancia: nada menos que un vampiro. Pero todos los planes buenos de verdad, tienen algún pequeño cabo suelto, qué le vamos a hacer. Hasta que se resuelva, adiós compañeros.



jueves, 1 de septiembre de 2011

Un poco de magia.


Este dibujo representa a la serpiente, Damballah. Es una entidad muy peligrosa, según Brau. Pero, como todos, hará de garante de cualquier pacto que se celebre bajo su protección. Claro que respetará, como suelen hacer, únicamente la letra, no necesariamente el espíritu.

Brau no quiere acercarse a Internet, ni a ningún teléfono. Parece que le ha cogido bastante odio a la comunicación vía satélite, aunque no me ha dicho por qué.

Dice lo del tótem porque es lo que tenía Loa entre manos cuando Rebeca entró en su santuario. Puede que tenga que ver con el pacto, puede que no.

El tiempo que Brau ha estado sin su nuiz, ha conseguido recuperar bastante músculo. El grupo, que originalmente estaba formado por mi, Brau, Hidalgo y dos cazadores, pertenecientes a la mano vacía se separó siguiendo dos pistas. Buscábamos la sombra de Hidalgo.

Nos habíamos encontrado con dos de nuestros compañeros del campo de la Senyora Escola, el primer asentamiento formado alrededor de la casa de Hidalgo, en Andorra. Eran un chico y una chica, Andreas y Rosalinda. Su misión era ir a buscar medicamentos a zonas no saqueadas, y nos comentaron que habían sabido de un extraño suceso luminoso, cerca de Matalascañas.

Nosotros seguíamos la segunda de las dos pistas: el rastro del demonio-sombra. Un pájaro negro, que lanzaba poderosos aullidos en la noche y que habían visto ellos mismos, hacía varias horas.

Nuestra pista está delante de nosotros, y ha resultado un fiasco. El "pájaro" habrá caído al suelo no hace demasiado tiempo, lo hemos encontrado guiados por el humo que desprendía. Era, no os lo vais a creer, un ultraligero con un equipo de sonido sujeto con alambre y que emitía sonido a un montón de decibelios. Ahora todo está destrozado, por la caída, incluido el ocupante: un viejo extraño con gorro, bufanda y gafas de aviador. La verdad es que no dejo de sorprenderme por las cosas que nos pasan. El equipo de sonido todavía zumbaba, y de su interior hemos sacado un cd de los AC DC.

Mientras Brau no recupere el poder de manos de Rebeca, su visión se limita a un par de hechizos que ha aprendido en sus viajes. Se ha agenciado un mechón del cabello de Hidalgo, y seguiremos su pista en cuanto descansemos. Nos ha de bastar el uso de un poco de magia, de momento.

Mientras tanto, os mandamos ánimos a todos. Y todo nuestro cariño.

Adela.

jueves, 25 de agosto de 2011

Una nueva visión.

La ceguera es terrible.

Llevamos días y días vagando por campos desolados en busca de la sombra. Una sombra alejándose de nuestro camino, y sombras que nos siguen en el mundo de las sombras.

En un cierto sentido, los demás hacen mal en estar preocupados por mi. No pueden hacerme nada, mientras no tenga absolutamente nada de miedo. La esencia de estar en el otro lado es la de la inocencia total. De otra manera no podría estar, así de sencillo

Estaba a punto de sucumbir, y de cortar yo mismo el cordón que me une al mundo de la carne cuando renació Adela. Y ese fue el verdadero peligro del que me salvó, mi Adela, de nuevo de vuelta. Las imágenes del otro mundo son eso, lo mismo que lo soy yo, cuando estoy ahí. Cuerpos evanescentes, e indestructibles, salvo por algún desconocido cataclismo cósmico.

Las imágenes de sangre, sin embargo, me afectan cuando vuelvo al mundo de la carne, y me amenazan de muchas maneras. Me dicen que tengo que volver una y otra vez, y yo siento que esa es la verdad. Y me está siendo tan difícil hacer lo que tengo que hacer, que me voy por las ramas.

Veo que Beatriz se está mostrando al fin. Le hará bien. No es bueno guardar secretos. Pero pronto estará aislada, porque es... bueno, inexperta.

Viajamos Hidalgo, Adela, yo y unos compañeros de la mano abierta, nada más. He vuelto a tener un leve contacto con nuestros amigos, los monjes tibetanos, pero ha sido tan evanescente y complicado que me supera. En algo andan, lo se, pero no he sido capaz de seguirlo.

Un yermo, anochece y el cielo parece que sangra. Todo es de color naranja. El azul se tiñe de estrellas y negrura, al otro lado. La estación espacial internacional sigue ahí, en el firmamento. Me pregunto qué habrá sido de los astronautas. Igual voy a hacerles una visita.

No, no puedo. Hoy tengo que acostarme y renunciar por un tiempo. Pero es tan difícil.

Si, la ceguera es algo terrible. Debo buscar una solución. Esta noche viajaré al poblado A de Rebeca, porque les acecha un terrible peligro.

Rebeca, estás a punto de pasar la mayor prueba de tu vida. Hoy voy a pasarte mi poder. ¡Ten cuidado! Por un lado tendrás que dominar el miedo, porque a tí también te perseguirá la sangre que tiñe el lado oscuro. Pero eso no es lo peor, tú lo sabes, sabes lo que quieres y que no tendrás tiempo de intentar. Ni lo pienses. Cuando en sueños ponga mi mano en tu frente, volveré al mundo de la carne, y hasta que liberes mi poder estaré desterrado. Hoy no sabes qué sacrificio supone, mañana lo sabrás. Hónralo y da la vista a tus compañeros. Dales ojos hasta que radar esté bien. Nosotros tiraremos con Hidalgo hasta que se cure. Pero estaremos tuertos, y en peligro, y tú, lo siento tanto, tanto, no tienes tiempo de vagar y vagar en busca de tu amado.

Por lo menos te quedará una cosa. Piensa esto: que lo que te dije es algo más que un mero consuelo. Y que existe la posibilidad de que un día volváis a encontraros.

lunes, 15 de agosto de 2011

Rolando.

Al fin puedo escribir sobre él.

Espero que más de uno se haya dado cuenta de que no lo había mencionado mas que por encima. Los lazos emocionales eran demasiado fuertes. Hay cosas en las que no puedo intervenir, está claro. El señor Popov ha sido muy inteligente y se ha deshecho de gran parte de mi influencia consiguiendo la complicidad de la señorita Goyri. Hasta ese punto llega mi obligado respeto.

¿Limitaciones? Si, me es completamente imposible llevar a cabo acción alguna sin el consentimiento de aquel a quien afecte. Por supuesto, hay atajos, pero dejarían tan mermado mi poder que ni merece la pena tenerlos en cuenta. Me vería relegado a ser algo así como un mago de feria, un vulgar hipnotizador.

Si, puedo atravesar paredes; el mundo físico, en lo tocante al conocimiento es como una simple imagen para mi, como una realidad virtual que puedo atravesar a voluntad: puedo leer libros cerrados en cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, basta con que alguien los haya leído antes. Pero todo aquello que cualquier persona considere un secreto, es como un muro de ladrillos. Se, pero no puedo contar.

Puedo estar en cualquier lugar del mundo físico con solo pensarlo: cualquier lugar en que pueda pensar, evidentemente,  pues si no conozco por lo menos algo del lugar, no puedo estar ahí. Por eso me es tan útil el ordenador.

Así pues, puedo comentar esto con limitaciones.

Rolando vive en otro plano, pero ha sido desligado por la muerte de el nuestro. Una advertencia para Rebeca: las emociones juegan para él un papel tan importante como para mi. Tu dolor le llega como un terrible dolor de muelas, que le impide concentrarse en lo que está haciendo ahora. Y seguramente esté muy ocupado, pues el alma que abandona su cuerpo tras la muerte acude al salón de las memorias, para repasar su vida. Intenta moderarte si le quieres, envíale tu amor, él está bien. El hecho de que le recuerdes constantemente que tú no estás bien le paraliza, por que no puede volver a ti.

Creo que puedo decir esto, porque aunque Popov lo considere un secreto, ya ha sido desvelado por otros medios. El Rolando que fue revivido nunca fue Rolando, aunque si que tuvo conexión con él. Para tu consuelo, Rebeca, él te pudo ver, aunque no le hiciera ningún bien.

Ahora la ranchera en la que vamos Hidalgo y yo va por lo que parece un verdadero camino de cabras. Los peregrinos que nos acompañan son una larga fila delante y detrás. Hidalgo parece algo mejor de salud, yo ayudo en lo que puedo. Tras el descanso que le proporcionaste, Rebeca, ha recuperado parte de su poder y, aunque aparentemente no le ha ayudado mucho, creo que a la larga si que será para bien, porque siento claramente como forma conexiones alternativas, gracias a la actividad a la que se ha acostumbrado, que ayudan a eludir las parte dañadas de su cerebro. Aunque ahora su poder esta... mermado o cambiado; creo que seré capaz de ayudarle a recuperarlo.

Tiene ese gesto del que ha sufrido daños cerebrales: la boca torcida, un brazo inútil cuya movilidad quizá pueda recuperar en parte, el habla distorsionada...

Quien manejaba a Rolando consiguió información. Como tiene las mismas limitaciones, al otro lado, que las que yo tengo, necesitaba un vehículo físico para conseguirla, pues todo aquello que queremos mantener oculto se mantiene efectivamente oculto, para aquel que hace viajes por el otro lado.

Pero yo también pude echar una ojeada, no diré más. Es una sencilla advertencia al que abandonó su cuerpo para poseer otro. Estuve en tu cuerpo Loa, y dejé ahí mi sello. Estuve en tu cuerpo y caminé, y vi lo que tenía que ver.

Rolando, por supuesto, me fue de gran utilidad, junto con Rebeca: juntos formaron un único ser en la batalla y es ese el molde, el ejemplo, la conexión fundamental, lo que hizo posible que todos se unieran en un momento u otro, formando una mente colmena altamente operativa.

Hay esperanza.

Pilar y Blanca serán de gran ayuda. Andy, Faustino, Grecia, Radar (de nuevo saludos, querido amigo), todos tienen su papel, el que han elegido por si mismos.

Hay esperanza y viene el rey del vacío, sale de su enroque y nosotros seguimos teniendo la iniciativa.


martes, 9 de agosto de 2011

Una vida nueva cada vez.

Ah, qué batalla. No puedo describirla. Estuve haciendo de enlace para todos y casi me destroza. No podría transmitir semejante información.

Nosotros los humanos tenemos una característica que es a la vez virtud y defecto: tenemos grabado en todo nuestro acervo un patrón de comportamiento que posibilita que seamos un organismo conjunto. Se manifiesta de manera estadística, no absoluta, pero está ahí para quien quiera aprovechar: cuanto más número de personas y cuanto más extrema la situación en que se vive, más probabilidad hay de que se manifieste.

No puedo describir la batalla más que mediante el lenguaje.  Yo fui el nexo y, tomando prestado de Hidalgo y de Radar, gente apropiada para determinados mensajes, pude establecer un principio de patrón colectivo de comportamiento. Pero tomando (lo siento chicas) prestado de Rebeca, de Blanca y de Pilar llegamos a la victoria. Y de Andy, y de Ronaldo, y de No-Faustino (si, me hace mucha gracia, jaja) tomé momentos decisivos, puntuales, tanto del principio como del final, para hilar con sutileza, y eliminar el miedo y la confusión. No aporté nada por mi mismo, tomé de unos, pasé a otros.

De todo esto creé mi armadura contra la locura. De la misma manera que pude soportar el dolor y el miedo que me llegaba en aquel momento tan lejano: ¿recordáis a la señora Escola? De vosotros saqué fuerza para empujar y proteger y para manipular también, si.

Lo primero que hice fue disolverme en ese patrón gregario, en mi ser básico y primitivo, tras programar determinadas instrucciones planeadas previamente por el puñetero alto mando. Otra de las razones de no poder recordar bien: no era del todo yo.

Luego usé el patrón de manera que funcionara como nexo... bien. No hice más. Pero debemos esperar. Y yo no he manipulado mucho... una ley de este patrón, para que todo el mundo se tranquilice, que no soy el puto gran hermano: todo el mundo controla un poder parecido al mío, pero de manera inconsciente, sin embargo, este inconsciente incorpora automatismos que saltan en cuanto el que interviene (yo, durante la batalla) intenta hacer algo que el interesado no haría por sí mismo, generando un ruido tal que inhiben completamente todo el sistema.

Es todo lo que puedo decir para describir la batalla. Esto y la vida nueva. Vi los cuerpos de los fallecidos. Si el talento de Hidalgo hace tender al pesimismo, a ver muerte y dolor es por que es así... en este plano. Pero este, amigos, no es el único mundo que habitamos. Hay otros mundos y otros lugares, los muertos, si he de creer a los tibetanos que encontré por ahí, han nacido en otro lugar. Yo he visitado el mundo de las sombras y no he encontrado nada que lo contradiga. Ánimo, que viene el rey, que se mueve el rey. Preparemos un recibimiento adecuado, digno de él. Hagamos una vida nueva, cada vez que nos movamos.

martes, 2 de agosto de 2011

Multitud

Siento el aura de las personas que me rodean, latiendo con fuerza, con ganas. El olor del miedo y del sudor no pueden ocultármela. La sangre late.

Hoy he salido de mi camilla y he bebido y comido como las personas. La sensación de tener algo en el estómago es rara. Me he cerrado al mundo de las energías por un tiempo, pues me es necesario tener el cuerpo a tono para lo que vendrá.

Hemos caminado-rodado hacia El Carpio, donde se ha formado el servicio médico de este ala del ejército.

Las calles están repletas de gente. Gente que ha pasado por el filtro del terror y ha vuelto. El Nuiz crepita en todas las miradas. Tanto los que han logrado enfocarlo como los que no, crepitan. Los que lo han enfocado, desde luego: Hidalgo, Rebeca, Rolando, Pilar, Rosario, No-Faustino (lo sigo llamando así, me gusta). Los amigos de los blogs y muchos más, tienen también un brillo definido y claro. Pero también los que han pasado por el viaje superando dificultades sin cuento, venciéndose a si mismos, tienen un perfil que nunca hubiera podido imaginar.

Las barreras se están volviendo sutiles.

He decidido estar en mi cuerpo para fortalecerlo, si. Pero no es la única razón: me vigilan los demonios que me han seguido desde el abismo. No recuerdo dónde estaba ese lugar. El regreso violento me provocó un trauma que ha quemado buena parte de los recuerdos.

Paseo por las calles tranquilamente. Me calo las gafas y me siento a descansar en cualquier parte a cada poco. Llevo una cantimplora con una especie de suero que ha improvisado el equipo sanitario, con varias porquerías mezcladas, como proteína líquida. Es una especie de líquido baboso e insípido, como beber mocos de bebé o algo así, pero no me quejo. Poquito a poco, a sorbos, me alimento.

Esta mañana he estado con Hidalgo. Le he visto libre y desnudo (figuradamente, claro). Hemos estado hablando tranquilos, tomando el sol de la mañana. Pero luego lo he perdido y me he quedado vagando, vagando. También he visto a Adela, de lejos, con el grupo Catalán-Francés. Pobre, y pobre de mi. El aislamiento y la tensión han sido demasiado para nuestra relación. Había autenticidad, cariño. Ahora queda... ah, no me voy a poner estupendo. He sentido la tentación de lloriquear vía blog. Seguiré concentrado en la multitud. Hombres, mujeres, algunos niños también. Un río de gente. Un río de libertad.

De vez en cuando doy un vistazo al otro lado, rápido, discreto. Me refugio en un rincón, me hago un ovillo momentaneamente y miro. Ahí están los demonios contra los que me ayudó Hidalgo el día de la emboscada. Se que no pueden ver bien este lado. La fuerza se lo impide, el brillo del que hablo, el que rodea la multitud valerosa. Pero mi aroma no se les despinta.

Y de vez en cuando pienso en ese abismo que vi. Era atrayente, hipnótico. Tengo que hacer un esfuerzo en no pensar. Me vuelvo a refugiar en la multitud entonces.

Ahora me voy a intentar descansar. Estamos en un polideportivo municipal. Bastante bien organizados. Han puesto esterillas a los lados, y el equipo sanitario atiende ampollas en los pies, desnutrición, infecciónes variadas... y algunas cosas peores.

Dulces sueños, queridos míos.

viernes, 29 de julio de 2011

El abismo

Estaba al borde del abismo, en el otro mundo, cuando ha caído el coche de Lucrecia y de Lorena. Pasado el abismo ,que he encontrado en el mundo del nuiz, todo puede ocurrir. Es horrible pero fascinante.

El otro mundo es... ah, cómo explicarlo.

La vida es vibración: todo lo que es, vibra. El mundo físico comprende todas las cosas que vibran dentro de unas determinadas frecuencias. Todo lo que somos, evidentemente comprende muchas más cosas que el mundo físico, tal y como lo vemos, pero son controladas por nuestro subconsciente.

Lo que yo hago lo hace mucha gente, sin darse cuenta, mientras duerme. Otras cosas que pasan en nuestros sueños son, por supuesto, quimeras de nuestra mente.

El universo real, como el físico, está poblado de una inmensa variedad de vida. Vida que incluye tanto seres con los que guardamos afinidad, pero también con los equivalentes de los gusanos, las arañas, los seres peligrosos o venenosos.

Nuestros demonios son, en realidad, seres que vienen del vacío, hambrientos de luz. Han entrado... jajaja, pues por el punto más débil. ¿Conocéis el cuento del aprendiz de brujo? Si. Este mundo es una escuela. Y muchos de nosotros, los aprendices, la han cagado pero bien.

Somos los aprendices y tenemos una liada del copón en casa del maestro. Tanto que puede que el mismo maestro esté amenazado. Eso no lo se, claro. Cuando miro al sol no veo nada, aunque sé que es la casa de los espíritus que "juegan" con nuestros cuerpos.

Eh, ¿a que molo, pequeños saltamontes? Es que rulando por el mundo del espíritu me he topado con unos monjes tibetanos, en peregrinación por el mundo del Nuiz, en plan ángeles guardianes de lo que pillen. Prana lo llaman ellos, no nuiz. Me han contado que es un tipo de energía que no se puede meter en una retorta, o en un tubo de ensayo. Una energía-materia que está compuesta de moléculas que vibran a una frecuencia diferente de la del mundo físico. Que normalmente es "transparente" a lo físico, excepto si se tiene el "oído musical" de hacerlo sonar en un armónico que, aún estando muchísimas octavas por encima, lo afecta. Algo así como cuando la típica diva hace sonar un do de pecho que hace que se quiebren los cristales.

Siento mucho no haber podido ayudar a Rebeca Goyri. Me temo que estaba demasiado ocupado, primero, buscando un sensitivo para blanca y para su grupo: Blanca, fíjate en un muchacho con muchas cicatrices. El sufrimiento ha afinado sus percepciones. Esto suele suceder cuando se sufre, si. El que vive bien suele quedarse demasiado apegado a la tierra.

Segundo, he estado hablando con los tibetanos. Tienen mucha experiencia. Pero lo que me han contado, aunque coherente, pues no creáis que me lo creo a pies juntillas ¿eh? Desde luego no he visto mucho que lo corrobore, excepto lo obvio, claro. Lo que estoy viento ahora. El abismo. El agujero.

Aquí como ejemplo. Son unos tipos muy majos. Quitando el pequeño detalle de que uno de ellos apareció en pelotas, porque se había desconcentrado por el camino, pensando en otras cosas. Sus trajes, como es lógico, son imaginaciones suyas. Algo para presentarse en sociedad. Nos reímos mucho todos cuando se dio cuenta, por la cara que puso. Me han ayudado a descubrir a tu sensitivo, Blanca. Recuerda: un chaval cubierto de cicatrices.

Los dejé encaminándose al reino de la madre. Aquel lugar donde han hecho prisionero al grupo de Rebeca. Quizá puedan salvar a algunos de los casos perdidos. Tienen mucha importancia los casos perdidos, como yo lo fui. Suele sobresalir en el Nuiz. Lo que no te mata... ya sabéis.

Tercero, ya os lo he avanzado. Ah, ahora me acuerdo. El agujero. He vuelto a mi cuerpo para pediros ayuda. Con todo el jaleo, me encuentro en la ranchera solo. Casi no me puedo mover. Idiotas, venid a verme. Ya me están entrando calambres en los dedos. Y la tristeza, la terrible tristeza de la soledad. Me voy adaptando a mi cuerpo, y olvido cosas. Venid corriendo. Dejad de buscar por el barranco, cabrones. Había algo en el abismo. Es un agujero que se abre en el mundo paralelo. Parecía vacío pero no lo estaba. Y me quedé fascinado mirando esa nada, sin darme cuenta del sonido de una extraña nariz olfateando en la oscuridad. Lejos, muy lejos.

Mi cuerpo escuchó los gritos. Sentí un tirón del cordón de plata que me une a él. Me desperecé. Comencé a sintonizar con el mundo. Ah, qué desidia volver. Pero puede que me necesitaran. Un pensamiento, solamente un segundo y ya estába ahí. Mi cuerpo de nuiz flotando por encima de esa cosa en la que me tenía que meter. Tumbado en una ranchera con capota. Con un goteo por la vena y la alimentación nasal. Delgado y pálido. Algo me hizo darme la vuelta antes de caer en mi cuerpo físico. Una entidad me había seguido la pista.

Entrar en un cuerpo que vibra a una frecuencia distinta es algo así como saltar de un autobús en marcha. Tu cuerpo físico es el suelo. El autobús es tu cuerpo del nuiz. Si no estás concentrado, el talegazo es tremendo. Sientes dolor de cabeza y se te olvidan cosas. O te quedas paralítico durante un tiempo.

Solamente tengo el control de mis manos. Me dedico a divagar y a contar cosas, confuso. Porque no me doy cuenta de que el demonio, que me ha seguido aquí, está tratando de... jjl.. a`+ÇLTEMOR DE QUE....KÑLKI

miércoles, 20 de julio de 2011

Viajes.

Qué manera más torpe de representarlo, ¿verdad? De los que por aquí andan, compañeros, quizá Hidalgo, Rebeca, Radar... quizá alguno de ellos sepa hasta qué punto es torpe. Todos aquellos que tengan un Nuiz de tipo sensitivo. O los que recuerden sus sueños. Porque es la manifestación más común del Nuiz: salir a viajar mientras duermes, pero una de las más complicadas de dominar.

Pero prefiero este esquema a los dibujos pastelosos que pululan por la red en torno a estos viajes. Nada más alejado de la realidad. Repito que quien haya visto, lo entenderá.

Yo consigo controlar mi cuerpo mediante una especie de bloqueo. Pero no puedo hacerlo de manera violenta, pues esto me llevaría inmediatamente de vuelta.

Lo complicado es que no se quiere volver.

Estos días he estado fortaleciendo mi cuerpo, limitándome a hacer ejercicios físicos, por prescripción médica. No porque me haga daño. Lo que pasa es que no mover el cuerpo durante días lo deteriora sensiblemente. Tras mis primeros vuelos, que a mi me pareció que duraban muy poco, pero que duraron días, mi cuerpo casi muere definitivamente.

Luego estuve algún tiempo alternando, hasta el ultimatum. No era que Adela ya no me quisiera, por culpa del abandono y del maromo con el que se junta. Es que tenía que prepararme para volver a pasar bastante tiempo fuera de mi, fortaleciendo el cuerpo.

Ahora conduzco manadas humanas para llevarlas a la batalla. Ahí está la batalla. ¡Al sur! He conocido a Radar. Je, es un tipo majo. Sus pensamientos me han sido de mucha utilidad, con el magnetismo que emite. Los he usado de patrón muchas veces.

Sé que hay criaturas de naturaleza opuesta a los demonios: ángeles. Pero de Dios no he tenido noticia alguna, sin embargo. Siento tener que decepcionar a muchos. Además, los ángeles no hacen ni caso. Son vagas personalidades en torno a las luminarias celestes, y en torno al sol, sobre todo en torno al sol. Hay ciudades en los cielos, pero tienen su propio ritmo y no se aprecia relación con nosotros ni con los demonios. Estamos solos, por lo que se.

Todavía quedan restos del ejército. Algunos están en un bando, otros en otro, pero en general la situación es caótica. De las grandes instalaciones energéticas, como el acelerador de partículas de la UE ni idea. Pude presenciar la destrucción del portaaviones de la armada Española, el Príncipe de Asturias. Un espectáculo.

Yo estoy aqui. Con el portátil, un goteo en el brazo, dispuesto a sumergirme de nuevo. De nuevo adelgazando, consumiéndome.

Pastoreando manadas de hombres a la guerra.

He visto a los actores en el mundo y los voy conduciendo, transmitiéndoles sueños. He visto los ejércitos. No al enemigo, aunque se distinguir un lugar vacío, y por eso localizo sus posiciones.

jueves, 30 de junio de 2011

Volando

He parado unas horas en mi cuerpo. Cada vez está más estropeado. Voy a estar unos días aquí... pero eso me llena de una tristeza tan enorme que no puedo expresarlo con palabras.

No sabéis lo que es volar.

Estos días he visto terribles desgracias, matanzas, cuerpos mutilados, tremendas luchas. Pero en el viaje del Nuiz uno se ve inmerso en una especie de burbuja de "energía positiva" que arrasa con todo y deja una sensación de euforia incomparable.

Los ejércitos están en formación. He podido comprobar cómo funcionan varios tipos de Nuiz que no había visto nunca. La gente que acostumbra a entrenarse en artes marciales (el grupo de Nofaustino y de Andy, por ejemplo) puede que termine desarrollando una ingravidez muy útil en la lucha.

Adela se ha distanciado mucho de mi. En el campamento todo está muy avanzado. Han muerto varias personas, y se nos han unido otras. El lloc de la Senyora Escola se está haciendo moderadamente famoso.

Pero aquí vienen, no me dejarán seguir en el ordenador. El doctor me ha recomendado ejercicio, para recuperar masa muscular. Saludos a los que he visto por el mundo del Nuiz. Si supierais, ah, si supierais.

Nuestros Ocellets se están reproduciendo a marchas forzadas. De momento la aviación del ejército los mantiene a ralla... bueno, digamos que están en empate técnico... vuelan demasiado despacio y maniobran mejor que ellos. Pero pronto ya no va a ser así, porque las hembras son inmunes al daño normal. Pronto se harán con el control del aire. Y otra cosa: se alimentan. Nosotros vamos tirando, por ahora, pero están acabando con todo lo que respira en muchas millas a la redonda. Las crias acaban con las presas pequeñas, los grandes acaban con la caza mayor. Aunque tenemos ganado, dentro de un año alimentarse será un problema. ¿Y ellos? Acabarán con todo, seguramente, pero para cuando eso ocurra igual ya no nos importa un pimiento.

Ah, qué tristeza estar en éste cuerpo débil. Es como si te pusieras ropa húmeda y fría, incómoda. Aquí me siento verdaderamente como un gusano miserable.

Saludos. Posíblemente no me dejen ni acercarme al ordenador. A lo mejor Adela se anima a escribir algo, pero no lo se.

Comienzo mi recuperación física.

jueves, 23 de junio de 2011

El rey.

He aquí el Rey. Viene el rey. Que viva el pinche Rey.

Hemos estado muy ocupados por aquí. Sant Climent de Pal es ahora un lugar fantasmagórico. Es uno de los lugares que he visitado en mis sueños. Hidalgo está demasiado bloqueado. Ha manipulado a fondo las mentes de nuestros compañeros. Más que yo. El precio no se hace esperar. Las defensas naturales que todos tenemos actúan y crean ruido en torno a él. Sin embargo ha seguido viendo claramente parte de lo que pasará. Viene el rey. Podéis imaginaros esa misma actitud en una criatura que nada tiene que ver con nosotros. O que tiene demasiado que ver, pero en el mal sentido.

Viene el rey, pero a mi no me paraliza el terror. Viene por fin... caerán ejércitos a sus pies, pero la meta ha quedado bien visible. Caerán hombres y mujeres valientes, pero quedará al descubierto su apestosa majestad, pues descubrir al rey tiene algo de debilidad en cualquier partida de ajedrez. Dejadme que use esa analogía: uno sitúa las fichas a lo largo de la partida centradas en la posición de la pieza a defender. Una brecha, cualquier estrategia que haga que el rey se mueva de su sitio, no solo hace perder una jugada al contrario, además desvirtúa todas las posiciones que ha organizado. Ahora el punto que defienden es un cuadro vacío: el rey se ha tenido que mover.

Hemos puesto al campamento un bello nombre, en el proceso de volvernos a humanizar: El Lloc de la Senyora Escola, El Lugar de la Señora Escola.


Todo ha cambiado mucho. Han caído árboles, varios de los hombres han ido a aprovisionarse a pueblos cercanos. Yo he ido mirando, en sueños, cómo estaba cada sitio. Explorando. Lo único que no puedo hacer es mezclarme con nuestros Ocellets en un mismo lugar. Se defienden de mi. Me expulsan. Pero si que puedo mirar por dónde han pasado. Así que la gente va por esos lugares, donde no queda nada que les guste de comer, y pillan lo que pueden. Me entra el sueño. Parece que hay poca gente cerca, ahora.


Cuidaos mucho los que estéis en un ejército. ¿Os acordáis de aquello de hacer de carne de cañón?


Es posible que os visite durante mis sueños. Ahora vagaré por los aires. Nunca he sido tan feliz.


Adela se junta mucho con un tal Peret. Me temo que no la atiendo bien. Estoy a lo mío, en otro mundo, en otros lugares.


Sant Climent de Pal es un sitio muerto ahora... una pena. Lloraría si pudiera, pero desde que aprendí a volar me cuesta mucho. ¿Será peligroso este entusiasmo que tengo? Atended, puede que vaya a veros en sueños. Si veis un tipo volando, translúcido, delgado, con gafas y camisa a cuadros, procurad hacedle caso. No se dónde me llevarán los vientos del Nuiz. Se intelectualmente que esto es arriesgado, puede que un día no me vuelva a despertar, pero no puedo parar, comprendedlo. He aprendido a volar y no puedo detenerlo. No todavía.

lunes, 13 de junio de 2011

La batalla dels ocellets

Ya la llaman así: la batalla de los pajaritos. Varios muertos, a los que acabamos de enterrar, y varios otros que al decir de Jordi, el médico, es muy posible que no puedan sobrevivir.

Vinieron con conocimiento y resabiados. Llegó una hembra a destrozar el ramaje que cubría el campamento. Los disparon no le hacían nada. Las hembras son casi el doble de grandes que los machos. Las ramas no le herían, nada le hacía daño. Nos pilló en en un momento en el que Hidalgo, el único que podía luchar con ella, no estaba.

Nos han estado espiando, seguramente. Los pequeños, los recién nacidos llegaron por el subsuelo, cavando. Debían haber estado un tiempo preparándose, a bastante distancia bajo tierra. El faro se volvió loco, como nos contó Hidalgo, pero nosotros estábamos en el campamento y no lo supimos. Y el pinche móvil volvió a fallar. Afortunadamente Hidalgo contaba con apoyo, y estaba con la mosca detrás de la oreja desde hacía unos días.

Mientras estábamos entregados a la hembra el suelo comenzó a moverse. Un árbol se tambaleó. El suelo estalló en unos gusarapos con pseudo alas acabadas en garras, y picos afilados con dientecillos tiernos pero peligrosos. Unos gusarapos como terneras, tendría que añadir. Lo de gusarapo es un comparativo que tiene más que ver con las proporciones de su raza que con la nuestra.
El hedor era insoportable. Toqué a cuantos pude, para organizarnos. Pero a la primera muerte, la de la señora Escola, que sostenía a su hijo en alto mientras la devoraban las piernas, mi empatía se volvió contra mi. Me agarró su dolor de manera aplastante. Todo se nubló, el mundo se hizo dolor y no vi nada durante unos segundos eternos.

¡¡Acabeu amb ells, em cago en la puta!! ¡¡Els nens, a les pedres...!! ¡Armes! ¡Armes! ¡Deixeu a la gran i a per els petits!!


Lo primero que escuché fue la voz de Franco, gritando en catalán. Venía con Hidalgo a la espalda, en un arnés que le han hecho para la ocasión. Ni que decir tiene que no estaba pensado para el viejo, ahora está con una lumbalgia que no es ni medio normal. Así y todo, se lo echó al hombro y bajó la cuesta como alma que lleva el diablo. Hidalgo me tocó. Me indicó el camino. La señora Escola estaba resistiendo de algún modo. Mi empatía no funcionaba inteligentemente, pues ella si estaba resistiendo su dolor. De hecho sentí un pensamiento que llegó de ella, un desdén no exento de cierto cariño: ¡hombres! Llegó cuando la descargaron de su hijo y pudo utilizar las manos para sacarle los ojos al gusarapo que le había destrozado las piernas.


Más allá del éxtasis, más alla del dolor, pero no rechazando, sino aceptando como una fiesta, dejando que pasara por ella y a través de ella, para que cuando hubiera pasado no hubiera nada, solo estuviera ella. No tuve más que tocar aquella parte, y volar con Hidalgo.


No recuerdo mucho. Murieron algunos. He estado como tonto durante todos estos días, casi como un vegetal. Fué un torbellino de sangre y sensaciones que me hizo sentir libre, terriblemente libre. No he parado de repasarlo en mi memoria, segundo a segundo, pero todavía no logro interpretarlo correctamente, no se si me explico. Veo imágenes, pero no se lo que veo. Oigo cosas, pero no se lo que oigo. Huelo aromas intensos, pero no los reconozco. Me duele todo, pero no se a quién pertenece mi dolor... Saboreo un manjar exquisito, delicado, pero no se lo que estoy devorando, y no se si es agradable o no.


Ahora es de noche. He salido al porche, a sentarme a fumar, a la luz del farol. Es mortecina, gracias a todos los dioses. Estamos vivos. Aunque me han dado "vacaciones" se que mañana tendré que trabajar, porque no se puede desperdiciar ni un gramo de fuerza y la gente ya me mira ligeramente de lado.


A la hembra no pudimos acabarla, se, me han contado que Hidalgo le hizo algo que no le gustó nada. Los gusarapos eran relativamente débiles. Hemos perdido gran parte de nuestro equipo, pero afortunadamente se han salvado las drogas y Jordi, el doctor. Me río. Con lo que me gustan estas cosas. 


Bien, aquí estamos. Sobreviviendo.

sábado, 4 de junio de 2011

Ocellet

Pues si, el pajarito. Hoy andaba todo el mundo discutiendo si talar unos cuantos árboles o no. Yo ni me enteraba. Había bajado a donde está el campamento, pero entre el catalán, el frances y el castellano chapurreado me estaba haciendo un lío.

El argumento en contra (se ha mostrado cierto) era el de que los árboles, en realidad, nos protegían de los Ocellets (pajarito en catalán) que es como llaman por aquí a los Nagishi. A los diablos voladores. Bien lo saben ellos. La madera hacía falta para no se qué. A todo esto, nos habíamos olvidado de mirar el chivato, el farol que denuncia la proximidad de los diablos. Todos menos Hidalgo, claro, que suele estar en casa, entregado más que yo (tiene más aguante) a nuestro escaneo de los alrededores. Digo alrededores, pero lo contamos por cientos de kilómetros. He de decir que, excepto a Pilar, ya os hemos captado todos. Aparecéis alto y claro. Pertrechados del google maps, de un péndulo y de muchos analgésicos (causa dolor una exploración del Nuiz a tan gran escala) sobrevolamos como buenos Ocellets toda la península y parte de Francia.

Andábamos en nuestras disquisiciones sobre si cortar uno o dos árboles para dejar sitio a otra casa prefabricada cuando escuchamos la voz de Hidalgo. Venía arrastrándose por la ladera abajo. Luego me ha contado que bajó con la silla a lo loco, que frenó contra un zarzal, y que siguió como pudo, porque el farol se había vuelto loco y nadie escuchaba el "pinche móvil". Entonces fue cuando vinieron los pajaritos.

Todo el mundo se dio cuenta de lo que decía Hidalgo. Sentí una manipulación en el Nuiz. Me di cuenta de lo que intentaba hacer y le seguí la onda (nunca mejor dicho esto de seguir la onda, muchas expresiones tienen que ver con percepciones subconscientes del Nuiz). Inmediatamente el caos que se estaba comenzando a formar se trocó en organización cuasi militar. Los niños se escondieron bajo los coches, en las casas, en una pila de palés que había cerca, entre los arbustos... y en fin, aquí estamos, lo hemos contado.

Ahora las mujeres están probando a cortar y congelar unas cuantas arrobas de carne de Ocellet.

Yo tengo un dolor de cabeza que ni podéis imaginar. Pero estoy satisfecho.

Adela se portó estupendamente, tiene los ovarios de plomo. No necesitamos "tocarla" en ningún momento. Cuando casi se la llevan sentí que se me paraba el corazón. Todo se detuvo por un momento, al dejar de apoyar a Hidalgo por puro terror. Pude controlarme, no se cómo. Creo que fue él, Hidalgo, quien me ayudó. Por un momento todo el mundo luchó totalmente solo. En compañía pero solos. Y salvaron a Adela. Se me hace un nudo en la garganta de pensarlo. Pero estamos aquí. Vivos. Esta noche cenamos Ocellet.

martes, 31 de mayo de 2011

Dolor y compañía.

No puedo seguir haciendo lo que estoy haciendo. Me causa demasiado dolor.

Seguiré, claro que seguiré, nos va demasiado en ello, pero voy a parar un rato, me vendré con vosotros, escribiré unas letritas.

El bosque parece el bosque animado: el bosque alrededor de nuestra casa. Por la zona se ha corrido la voz de nuestro farol, y conocen bien a Hidalgo y sus habilidades. Los del lugar lo conocen. No molestan mucho, no están a la vista de la casa, pero se bien que se han instalado en estas tierras. Han traído generadores, gasoil en cantidad, provisiones. Tiendas de campaña, hasta una casa prefabricada. Como en el pueblo oficialmente no pasa nada, el ejército no está actuando como debería. Esto tendría que estar organizado como un campo de concentración, equipado a lo grande. Pero no. Está este boca a boca de los del lugar. Van a sus cosas durante el día, pero poco a poco van desapareciendo los que no producen. Las abuelas y abuelos, los niños, los enfermos.

No lo pueden evitar, se hacen ver en muchas cosas. Sin embargo parecen tener un respeto por Hidalgo que ralla en lo supersticioso. Franco nos hace de enlace.

Las muertes, si, muertes, ya se están ocultando descaradamente. Suenan disparos. Todavía vienen turistas despistados, pero cada vez son menos.

Tenemos hasta gente del Consell General, jejeje. Sin embargo no estamos en Cataluña, sino en Andorra.

Veo que viene Franco, a ver qué quiere... os dejo, tened cuidado, mucho cuidado. Largaos de las ciudades, no os preocupéis demasiado por el dinero, pronto ya no valdrá nada. Valdrán los objetos útiles. Valdrá tener las gónadas bien puestas, estar sano y fuerte. Poco más.

lunes, 30 de mayo de 2011

Libros Prohibidos.

Libros, composiciones musicales y diversas obras de arte que excitan la imaginación en direcciones peligrosas que pueden conseguir de ti maravillas, despertar al guardián dormido de tu inconsciente.

Vienen a funcionar de una manera muy parecida a los lenguajes subliminales. Despiertan con sonidos y visiones diversos centros nerviosos que suelen permanecer inactivos. Activan sistemas que lo normal es que se pongan en marcha solamente en situaciones muy concretas. Las madres cuyos hijos han estado en peligro saben eso. Aquellos que han soportado torturas (y han resistido) saben de eso. Aquellos que han estado largo tiempo en situaciones difíciles, y las han superado.

En una situación normal, requiere preparación despertar estos centros nerviosos, porque corres el riesgo de desarrollar neurosis, personalidades múltiples, psicopatía... toda una serie de trastornos que sumados al poder que adquieres te convierten en un peligro andante.

Howard Phillips Lovecraft lo sabía. Su Necronomicón, sus paisajes oníricos, sus horrores surgidos de la noche de los tiempos. Todo aquel que haya tenido afición por la fantasía lo sabe sin saberlo: que de alguna manera le es necesario fortalecer su imaginación para vencer ciertos miedos. La imaginación. La imaginación ha caído en descrédito por la simple razón de que es la fuerza más poderosa del universo. El término se asimila, en su significado a fantasía. Se habla de los muy imaginativos como de gente sin control alguno. Pero la fantasía no es más que una manera de entrenar la imaginación, de enfrentarse a los miedos y absorberlos. Y cuando la capacidad de visualizar, o verdadera imaginación, se encuentra fortalecida y controlada, entonces puedes hacer cualquier cosa (cualquier cosas según las leyes de la física, se entiende)

¿Quién no ha intentado pasar por una ralla de tiza pintada en el suelo? Una ralla de esas que te pintaban los guardias hacía años, cuando no existían los controles de alcoholemia. Se supone que es un juego de niños pasar por ella sin pisar fuera, de ahí el control para saber si estabas borracho. Pasa por un pasillito estrecho, de unos cincuenta centímetros, cien por cien seguro, sin viento, sin peligro alguno, pero que se encuentre a cien metros del suelo a ver si te es tan fácil. Ah, la imaginación sin controlar te juega una mala pasada ¿eh? Si no controlas tu imaginación, no puedes. Tu miedo te controla y te ves haciéndote pedazos contra el suelo de mil maneras diferentes, no puedes hacerlo porque no puedes imaginarlo. O mejor, porque tu imaginación no te deja hacerlo.

Otra prueba. Ponte en equilibrio sobre un pie. Tienes los ojos abiertos. Cierra los ojos, a ver qué te pasa. Ah, has perdido apoyo visual con tu entorno, pierdes el equilibrio. Suele pasar, vaya, es lo común. Haced la prueba. Nueve de cada diez personas pierden el equilibrio si cierran los ojos.

De la misma manera que tu imaginación te activa, ciertas imágenes (estímulos sonoros, aromas... ) producen ciertos efectos.

A todo aquel que me lea: si, le estoy preparando para ciertas cosas.

Primero, si tiene posibilidad de desarrollar su Nuiz, que no se descontrole.
Segundo que el miedo no le paralice cuando las cosas se pongan divertidas.
Tercero, que a cuenta de todos estos problemas no caigan en manos de quien yo me se completamente indefensos.

viernes, 27 de mayo de 2011

Ya es hora.

Bueno, ya es hora de volver a los mensajes que al principio lanzaba Hidalgo.

Espero que todos los que estamos ya poseamos pruebas suficientes de lo que está pasando como para tomarlas en serio. Esta semana he estado completando una serie de ejercicios muy dolorosos, que unidos a la lectura de cierto texto prohibido me permiten hacer un barrido por un terreno muy amplio, para poder detectar los flujos del Nuiz. Estamos muy jodidos.

El Nuiz es peligroso en un modo sutil. El que tiene una navaja renuncia a gran parte de sentido común cuando se repite "tengo una navaja" para conjurar el miedo. Alguno de vosotros pudiera tener talento. O estar "dormido" por la fundación y programado para despertar mediante ciertos estímulos. No sabemos nada de Andy y de No-Faustino, pero la hermana de Andy, o el mismo No-Faustino podrían estar en el caso. Que sepáis que podéis ser usados como carne de cañón (sin saberlo, claro) si lo creen conveniente. Al menos los que conozco yo.

El trabajo que llevo hecho no tiene aplicaciones prácticas. Se han molestado en librarnos del nido por que nos necesitaban para eso.

Haced de una puñetera vez acopio de provisiones. De poco peso. Intentad disponer de un medio de locomoción que no sea un coche, porque los atascos en caso de crisis os pueden dejar paralizados. Lo mejor sería una moto, pero hay que saber utilizarla, o un sidecar. Mirad qué personas cercanas os queréis llevar al refugio que elijáis. En ese refugio tened un generador, gasoil, herramientas, manuales de mecánica, un arcón congelador, alimentos y conservantes (como sal en buena cantidad o pimentón... cosas así) Largaos de las grandes poblaciones. Cagando leches. Las alcantarillas están saturadas. Bilbao tiene los días contados. Madrid, algo parecido. Bueno, he echado un vistazo a ciertos estudios, jejejeje. Preparaos para vivir días interesantes, muy interesantes.

Aquí estamos Adela, yo, Franco, Hidalgo, la madre de Adela parece que vendrá pronto aunque es difícil de convencer. Esta zona, pienso que será segura durante algún tiempo. Dejaré a Hidalgo decir dónde se encuentra, aunque no creo que valga la pena ocultarlo.

A por ellos, que son pocos y... bueno, lo llevamos crudo, pero vamos allá.

martes, 24 de mayo de 2011

Visita.


Hoy hemos tenido visita: los hombres que estuvieron la semana pasada en el nido, con Brau y Franco. Acaban de irse. Hemos estado reunidos durante varias horas... me duele la cabeza de todo esto. Mañana le digo a mi madre que se venga. Ha habido un momento muy tenso en la reunión, Brau estaba gritándoles que eran unos delincuentes cuando uno de ellos ha hecho un sonido raro. Brau se ha puesto pálido. A punto he estado de partirle una rodilla al del sonidito, se muy bien cómo hacerlo porque tengo bastante experiencia, pero ha intervenido Hidalgo muy frío y muy amenazador. Nunca le había visto así.

He de explicar que en mis años practiqué Aikido, porque oposité a policía nacional. Se me daba muy bien. En realidad nunca lo he dejado, pero ha sido de manera más reposada estos tiempos.

Brau se ha quedado muy afectado. Tiene algo en la cabeza que le pusieron en aquella época. Algo psicológico, creo. Lo usan para propinarle correctivos cuando se pone rebelde. Uno de los hombres tiene perilla, pelo moreno, con canas. Unos ojos grises, helados y la piel muy roja, como si tuviera quemaduras producidas por el sol. Aunque a mi me parece más algún tipo de alergia o enfermedad. Es el que ha hecho el sonido. Otro es delgado, muy moreno de pelo, pero con la piel pálida. No es alto, tiene ojos saltones y azules, es bastante mayor. De los dos es el más tranquilo. Su voz es bastante femenina, curioso ¿no? Tras la reunión, se han marchado en su Lada blanco, viejo y abollado.

Esos caracteres significan Ai, Ki y Do, armonía, fuerza y camino. Hoy he necesitado de mucha armonía para no emplear la fuerza. Pienso que he hecho bien. Ahora Hidalgo está al ordenador poniendo en orden todo lo que hemos hablado, porque todos los amigos necesitáis saberlo. Pronto colgará una entrada. Abrazos a todos, suerte.

lunes, 23 de mayo de 2011

El apagón.

Hemos tenido un apagón informático. Nasti de línea. Puff.

Troco nos ha cubierto de vergüenza, por cobarde. Los perros de Franco han dejado el listón canino bien alto. Thor, triunfante y ensangrentado, tenía la mirada vacía de los que vuelven de la guerra. Pero al rato meneaba el rabo como el que más. Los demás han caído como héroes.

Me ha apenado perderme todas las informaciones sobre el desarrollo de la consulta popular: las elecciones y tal. Hoy ya se que parte de los españoles (una cuarta parte según el voto hombre a hombre, más de la mitad traducida a escaños vía ley electoral) han gritado ¡Vivan las cadenas! Posiblemente dentro de muy poco todo esto no tendrá importancia, pero es una pena. Son los Trocos de España. Se lamen el culo, agradecen los huesos, menean el rabo y son, definitivamente, serviles. Son majetes, por supuesto, corean a la roja cuando gana el mundial. Ya veis, a mí Troco me salvó la vida, pero cuanto toca darse de leches... debajo de la mesa, disparao. Ahí lo tengo ahora, pendiente de mí, meneando el rabo mientras le miro, pensando: ¿qué puedo hacer contigo?

jueves, 19 de mayo de 2011

La noche.

Nos pasamos el día dando vueltas. Arriba, abajo, al paso cansino de Franco, que ya es viejo. Bien le venía a mi pulmón, así que no protesté. De vez en cuando probaba con el abrecartas, en los descansos. Franco llevaba una mochila vieja, un mono y unas botas de agua. La escopeta, vieja pero bien cuidada, las cartucheras... esas cosas de cazador. A mi me dejó encargado de la comida.

Vueltas y vueltas mientras pensaba en aquellos años. Los libros prohibidos, que los hay, los negocios sucios que se dejaban entrever y que yo, aturdido, me negaba a investigar con excusas de lo más variado.

Me pareció que Franco me estaba dando largas, de algún modo. Sus excusas no llegaban más que a gruñidos, y yo no soy un chico de campo, pero se sumar dos y dos, y triangular una posición de manera intuitiva. El abre cartas no miente. Posiblemente no sea más que un trozo de metal bonito. Pero estas cosas adquieren significado, el que le da nuestra imaginación, y solo por eso nos sirven de foco. Si, algunas lagunas van desapareciendo poco a poco de mi memoria.

Comencé a mirar al viejo de manera que sintiera mi desilusión. Finamente un tanto de desdén pueblerino, cruel, disimulado con una pizca de retranca. Alguna alusión a su edad. En ese contexto, propuse volver, insinuando que si no igual nos perdíamos, por sus mermadas facultades y eso. Ya fue demasiado. Entonces comenzamos a buscar el nido de verdad.

La noche en los bosques no es silenciosa, está llena de ruidos y de signos. La mayoría de los animales es entonces cuando se mueve en serio. Lo he sabido estos días. Es un verdadero jaleo de chasquidos y susurros. El tráfago que se traen los bichos deja signos que se leen por el día. Estos signos miraba el viejo, de cuando en cuando. Pasado cierto punto le hicieron la cara de piedra. Nos acercamos: era al fondo de un valle estrecho y escarpado, con un regato escondido entre las ramas. Cerca pero lejos, por culpa de la pendiente y de la maraña retorcida de vegetación. Húmedo, sonoro. No se escuchaban pájaros, eso no. Eran nuestras huellas en las hojas, atronadoras. El viento, el agua, los insectos, los murmullos en mi cabeza, que por la noche escucho en sueños y que ahora venían a mi. La conocida sensación metálica en la boca me insensibilizó y provocó que nos metiéramos en la trampa.

Bajando por una senda de jabalíes me quedé atrapado. Había pasado de largo el medio día: el sol estaba confundiendo las formas, alumbrando de través.

El dolor me despertó, en cierto modo. Los murmullos se hicieron atronadores. En medio del éxtasis, porque el dolor es un éxtasis, pude distinguir los signos en rojo: el terreno ondulando de vida bajo la hierba y las flores, la colina hueca, minada de túneles. Atrapado.

Franco actuó con sensatez y sangre fría. Con un cuchillo hirió lo que fuera que me mordía desde el agujero en que metí la pata. Un culebreo, un estremecimiento, un suspiro por toda la ladera. Cojeando, me subí a unas piedras grandes que había cerca. Llamé. El viejo me copió los movimientos, prudente. Ahí estuvimos un par de horas. Rodeados. En medio del nido. Ahí nos cazó la noche.

Franco me curó como pudo, sacó unas gafas de visión nocturna. Ahora sé que es un cazador furtivo. Con demasiada familiaridad las trata, y no son nuevas, como todo el equipo hiperpijo que tiene Hidalgo. Tienen roña de muchas salidas. Bien, pecadillos tenemos todos, qué se le va a hacer.

Esperábamos lo peor bastante tranquilos. Si, yo ya estoy de vuelta de ciertas cosas. He ganado cuajo con los años. Él es viejo. El miedo no nos impidió mear por turnos desde lo alto de la roca. Nos hacía sonreír tensos, esos momentos que fundan amistades.

Entonces llegaron los tipos. Linternas frontales entre la hojarasca, lejanas, cuesta arriba. Ahí habían estado acechando los guardianes. El susurro en mi cabeza se hizo áspero, doloroso. Comencé a saborear mi sangre. No se veía a tres en un Brau (jeje), pero adivinaba la lucha. Sonó un tiro, un tiro con silenciador. Franco se tensó. Preparó la escopeta, disparó. Aunque no se oía nada de lo que pasaba bajo tierra, yo lo sentía. Un bullir desesperado de formas blandas. La roca donde nos refugiábamos se comenzó a ladear perezosamente.

Estalló la tierra. Los seres surgieron por cientos. Fosforescentes, inmaduros. Iluminaron todo de colores enfermizos. El susurro áspero formaba palabras. El susurro eran los tipos y su puto Nuiz salvándonos la vida. Los seres inmaduros se perdieron en el cielo. Nos latían los oídos. Mi camisa estaba empapada de sangre. Comencé a sentir el trauma de verdad, a descontrolar. Franco se reía bajito, bastante histérico. De arriba nos llegó una voz fría, con acento eslavo. "Eh, Brau, aquí están los cabrones que esperabas. Eh, te hemos salvado el culo. No hemos traído sensitivo, para eso nos has servido tú, eh. Pero ahora te dejamos. Ya te llamamos cuando hagas falta. Y tú vendrás. Cuídalo, viejo"

Se marcharon. Nosotros pasamos la noche como pudimos. Una noche eterna.

Si, Hidalgo, ya lo se. Soy un mentiroso. Y tú un pinche cabronazo. Eso quieres ¿no? ¿Pánico? Pues ya está. Esta es la verdad. No había cepo. Tengo las huellas de una hermosa hilera de dientecillos de leche a lo largo de toda mi pantorrilla. Por los dos lados. Ahora me han estado curando. Dios, cómo duele. Y lo que es los monstruos, pues no, no ha muerto ninguno, que yo sepa. Asustados quizá. Están por ahí. Sueltos, creciendo, en otro nido más lejano.

martes, 17 de mayo de 2011

El cepo.

Ayer fui al cuartel, para denunciar la desaparición de Brau. Al ver la cantidad de gente que había, tuve que desistir.

Al regresar vi el coche de los tipos esos, aparcado frente a casa. Era un Lada Niva blanco, que no lo había dicho. Hidalgo me dijo que habían salido al campo, tras Brau. No me contó de qué hablaron. Estuvimos esperando sentados en su sala. Yo me dormí. De madrugada me despertó un ruido de motor. Al mirar por la ventana vi que era el coche de los dos hombres, que se marchaban sin decirnos nada.

Esta mañana han venido Franco y él. Destrozados, cansados y a nada de una hipotermia. Brau no ha dejado de toser, con algo de sangre. Parece que ha sido atrapado por un cepo en una zona sin cobertura de móvil y a poco de caer la noche. Han sobrevivido como han podido. Franco es cazador, e iba relativamente bien equipado. Hemos ido a urgencias, para ver el pie y el pulmón, pero al ver el panorama lo hemos dejado. Estaba lleno. El personal parecía asustado, los pacientes histéricos.

Ni siquiera he llegado a aparcar. -Ya te decía que era inútil-, ha dicho Brau. Al regresar nos hemos cruzado con un convoy del ejército. Me tendré que apañar con lo poco que se para curarle. Pienso que no tiene fracturas ni tendones dañados seriamente. Dice que tiene que poner las cosas en orden y entonces relatará lo que le ha pasado.
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