jueves, 25 de agosto de 2011

Una nueva visión.

La ceguera es terrible.

Llevamos días y días vagando por campos desolados en busca de la sombra. Una sombra alejándose de nuestro camino, y sombras que nos siguen en el mundo de las sombras.

En un cierto sentido, los demás hacen mal en estar preocupados por mi. No pueden hacerme nada, mientras no tenga absolutamente nada de miedo. La esencia de estar en el otro lado es la de la inocencia total. De otra manera no podría estar, así de sencillo

Estaba a punto de sucumbir, y de cortar yo mismo el cordón que me une al mundo de la carne cuando renació Adela. Y ese fue el verdadero peligro del que me salvó, mi Adela, de nuevo de vuelta. Las imágenes del otro mundo son eso, lo mismo que lo soy yo, cuando estoy ahí. Cuerpos evanescentes, e indestructibles, salvo por algún desconocido cataclismo cósmico.

Las imágenes de sangre, sin embargo, me afectan cuando vuelvo al mundo de la carne, y me amenazan de muchas maneras. Me dicen que tengo que volver una y otra vez, y yo siento que esa es la verdad. Y me está siendo tan difícil hacer lo que tengo que hacer, que me voy por las ramas.

Veo que Beatriz se está mostrando al fin. Le hará bien. No es bueno guardar secretos. Pero pronto estará aislada, porque es... bueno, inexperta.

Viajamos Hidalgo, Adela, yo y unos compañeros de la mano abierta, nada más. He vuelto a tener un leve contacto con nuestros amigos, los monjes tibetanos, pero ha sido tan evanescente y complicado que me supera. En algo andan, lo se, pero no he sido capaz de seguirlo.

Un yermo, anochece y el cielo parece que sangra. Todo es de color naranja. El azul se tiñe de estrellas y negrura, al otro lado. La estación espacial internacional sigue ahí, en el firmamento. Me pregunto qué habrá sido de los astronautas. Igual voy a hacerles una visita.

No, no puedo. Hoy tengo que acostarme y renunciar por un tiempo. Pero es tan difícil.

Si, la ceguera es algo terrible. Debo buscar una solución. Esta noche viajaré al poblado A de Rebeca, porque les acecha un terrible peligro.

Rebeca, estás a punto de pasar la mayor prueba de tu vida. Hoy voy a pasarte mi poder. ¡Ten cuidado! Por un lado tendrás que dominar el miedo, porque a tí también te perseguirá la sangre que tiñe el lado oscuro. Pero eso no es lo peor, tú lo sabes, sabes lo que quieres y que no tendrás tiempo de intentar. Ni lo pienses. Cuando en sueños ponga mi mano en tu frente, volveré al mundo de la carne, y hasta que liberes mi poder estaré desterrado. Hoy no sabes qué sacrificio supone, mañana lo sabrás. Hónralo y da la vista a tus compañeros. Dales ojos hasta que radar esté bien. Nosotros tiraremos con Hidalgo hasta que se cure. Pero estaremos tuertos, y en peligro, y tú, lo siento tanto, tanto, no tienes tiempo de vagar y vagar en busca de tu amado.

Por lo menos te quedará una cosa. Piensa esto: que lo que te dije es algo más que un mero consuelo. Y que existe la posibilidad de que un día volváis a encontraros.

lunes, 15 de agosto de 2011

Rolando.

Al fin puedo escribir sobre él.

Espero que más de uno se haya dado cuenta de que no lo había mencionado mas que por encima. Los lazos emocionales eran demasiado fuertes. Hay cosas en las que no puedo intervenir, está claro. El señor Popov ha sido muy inteligente y se ha deshecho de gran parte de mi influencia consiguiendo la complicidad de la señorita Goyri. Hasta ese punto llega mi obligado respeto.

¿Limitaciones? Si, me es completamente imposible llevar a cabo acción alguna sin el consentimiento de aquel a quien afecte. Por supuesto, hay atajos, pero dejarían tan mermado mi poder que ni merece la pena tenerlos en cuenta. Me vería relegado a ser algo así como un mago de feria, un vulgar hipnotizador.

Si, puedo atravesar paredes; el mundo físico, en lo tocante al conocimiento es como una simple imagen para mi, como una realidad virtual que puedo atravesar a voluntad: puedo leer libros cerrados en cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, basta con que alguien los haya leído antes. Pero todo aquello que cualquier persona considere un secreto, es como un muro de ladrillos. Se, pero no puedo contar.

Puedo estar en cualquier lugar del mundo físico con solo pensarlo: cualquier lugar en que pueda pensar, evidentemente,  pues si no conozco por lo menos algo del lugar, no puedo estar ahí. Por eso me es tan útil el ordenador.

Así pues, puedo comentar esto con limitaciones.

Rolando vive en otro plano, pero ha sido desligado por la muerte de el nuestro. Una advertencia para Rebeca: las emociones juegan para él un papel tan importante como para mi. Tu dolor le llega como un terrible dolor de muelas, que le impide concentrarse en lo que está haciendo ahora. Y seguramente esté muy ocupado, pues el alma que abandona su cuerpo tras la muerte acude al salón de las memorias, para repasar su vida. Intenta moderarte si le quieres, envíale tu amor, él está bien. El hecho de que le recuerdes constantemente que tú no estás bien le paraliza, por que no puede volver a ti.

Creo que puedo decir esto, porque aunque Popov lo considere un secreto, ya ha sido desvelado por otros medios. El Rolando que fue revivido nunca fue Rolando, aunque si que tuvo conexión con él. Para tu consuelo, Rebeca, él te pudo ver, aunque no le hiciera ningún bien.

Ahora la ranchera en la que vamos Hidalgo y yo va por lo que parece un verdadero camino de cabras. Los peregrinos que nos acompañan son una larga fila delante y detrás. Hidalgo parece algo mejor de salud, yo ayudo en lo que puedo. Tras el descanso que le proporcionaste, Rebeca, ha recuperado parte de su poder y, aunque aparentemente no le ha ayudado mucho, creo que a la larga si que será para bien, porque siento claramente como forma conexiones alternativas, gracias a la actividad a la que se ha acostumbrado, que ayudan a eludir las parte dañadas de su cerebro. Aunque ahora su poder esta... mermado o cambiado; creo que seré capaz de ayudarle a recuperarlo.

Tiene ese gesto del que ha sufrido daños cerebrales: la boca torcida, un brazo inútil cuya movilidad quizá pueda recuperar en parte, el habla distorsionada...

Quien manejaba a Rolando consiguió información. Como tiene las mismas limitaciones, al otro lado, que las que yo tengo, necesitaba un vehículo físico para conseguirla, pues todo aquello que queremos mantener oculto se mantiene efectivamente oculto, para aquel que hace viajes por el otro lado.

Pero yo también pude echar una ojeada, no diré más. Es una sencilla advertencia al que abandonó su cuerpo para poseer otro. Estuve en tu cuerpo Loa, y dejé ahí mi sello. Estuve en tu cuerpo y caminé, y vi lo que tenía que ver.

Rolando, por supuesto, me fue de gran utilidad, junto con Rebeca: juntos formaron un único ser en la batalla y es ese el molde, el ejemplo, la conexión fundamental, lo que hizo posible que todos se unieran en un momento u otro, formando una mente colmena altamente operativa.

Hay esperanza.

Pilar y Blanca serán de gran ayuda. Andy, Faustino, Grecia, Radar (de nuevo saludos, querido amigo), todos tienen su papel, el que han elegido por si mismos.

Hay esperanza y viene el rey del vacío, sale de su enroque y nosotros seguimos teniendo la iniciativa.


martes, 9 de agosto de 2011

Una vida nueva cada vez.

Ah, qué batalla. No puedo describirla. Estuve haciendo de enlace para todos y casi me destroza. No podría transmitir semejante información.

Nosotros los humanos tenemos una característica que es a la vez virtud y defecto: tenemos grabado en todo nuestro acervo un patrón de comportamiento que posibilita que seamos un organismo conjunto. Se manifiesta de manera estadística, no absoluta, pero está ahí para quien quiera aprovechar: cuanto más número de personas y cuanto más extrema la situación en que se vive, más probabilidad hay de que se manifieste.

No puedo describir la batalla más que mediante el lenguaje.  Yo fui el nexo y, tomando prestado de Hidalgo y de Radar, gente apropiada para determinados mensajes, pude establecer un principio de patrón colectivo de comportamiento. Pero tomando (lo siento chicas) prestado de Rebeca, de Blanca y de Pilar llegamos a la victoria. Y de Andy, y de Ronaldo, y de No-Faustino (si, me hace mucha gracia, jaja) tomé momentos decisivos, puntuales, tanto del principio como del final, para hilar con sutileza, y eliminar el miedo y la confusión. No aporté nada por mi mismo, tomé de unos, pasé a otros.

De todo esto creé mi armadura contra la locura. De la misma manera que pude soportar el dolor y el miedo que me llegaba en aquel momento tan lejano: ¿recordáis a la señora Escola? De vosotros saqué fuerza para empujar y proteger y para manipular también, si.

Lo primero que hice fue disolverme en ese patrón gregario, en mi ser básico y primitivo, tras programar determinadas instrucciones planeadas previamente por el puñetero alto mando. Otra de las razones de no poder recordar bien: no era del todo yo.

Luego usé el patrón de manera que funcionara como nexo... bien. No hice más. Pero debemos esperar. Y yo no he manipulado mucho... una ley de este patrón, para que todo el mundo se tranquilice, que no soy el puto gran hermano: todo el mundo controla un poder parecido al mío, pero de manera inconsciente, sin embargo, este inconsciente incorpora automatismos que saltan en cuanto el que interviene (yo, durante la batalla) intenta hacer algo que el interesado no haría por sí mismo, generando un ruido tal que inhiben completamente todo el sistema.

Es todo lo que puedo decir para describir la batalla. Esto y la vida nueva. Vi los cuerpos de los fallecidos. Si el talento de Hidalgo hace tender al pesimismo, a ver muerte y dolor es por que es así... en este plano. Pero este, amigos, no es el único mundo que habitamos. Hay otros mundos y otros lugares, los muertos, si he de creer a los tibetanos que encontré por ahí, han nacido en otro lugar. Yo he visitado el mundo de las sombras y no he encontrado nada que lo contradiga. Ánimo, que viene el rey, que se mueve el rey. Preparemos un recibimiento adecuado, digno de él. Hagamos una vida nueva, cada vez que nos movamos.

martes, 2 de agosto de 2011

Multitud

Siento el aura de las personas que me rodean, latiendo con fuerza, con ganas. El olor del miedo y del sudor no pueden ocultármela. La sangre late.

Hoy he salido de mi camilla y he bebido y comido como las personas. La sensación de tener algo en el estómago es rara. Me he cerrado al mundo de las energías por un tiempo, pues me es necesario tener el cuerpo a tono para lo que vendrá.

Hemos caminado-rodado hacia El Carpio, donde se ha formado el servicio médico de este ala del ejército.

Las calles están repletas de gente. Gente que ha pasado por el filtro del terror y ha vuelto. El Nuiz crepita en todas las miradas. Tanto los que han logrado enfocarlo como los que no, crepitan. Los que lo han enfocado, desde luego: Hidalgo, Rebeca, Rolando, Pilar, Rosario, No-Faustino (lo sigo llamando así, me gusta). Los amigos de los blogs y muchos más, tienen también un brillo definido y claro. Pero también los que han pasado por el viaje superando dificultades sin cuento, venciéndose a si mismos, tienen un perfil que nunca hubiera podido imaginar.

Las barreras se están volviendo sutiles.

He decidido estar en mi cuerpo para fortalecerlo, si. Pero no es la única razón: me vigilan los demonios que me han seguido desde el abismo. No recuerdo dónde estaba ese lugar. El regreso violento me provocó un trauma que ha quemado buena parte de los recuerdos.

Paseo por las calles tranquilamente. Me calo las gafas y me siento a descansar en cualquier parte a cada poco. Llevo una cantimplora con una especie de suero que ha improvisado el equipo sanitario, con varias porquerías mezcladas, como proteína líquida. Es una especie de líquido baboso e insípido, como beber mocos de bebé o algo así, pero no me quejo. Poquito a poco, a sorbos, me alimento.

Esta mañana he estado con Hidalgo. Le he visto libre y desnudo (figuradamente, claro). Hemos estado hablando tranquilos, tomando el sol de la mañana. Pero luego lo he perdido y me he quedado vagando, vagando. También he visto a Adela, de lejos, con el grupo Catalán-Francés. Pobre, y pobre de mi. El aislamiento y la tensión han sido demasiado para nuestra relación. Había autenticidad, cariño. Ahora queda... ah, no me voy a poner estupendo. He sentido la tentación de lloriquear vía blog. Seguiré concentrado en la multitud. Hombres, mujeres, algunos niños también. Un río de gente. Un río de libertad.

De vez en cuando doy un vistazo al otro lado, rápido, discreto. Me refugio en un rincón, me hago un ovillo momentaneamente y miro. Ahí están los demonios contra los que me ayudó Hidalgo el día de la emboscada. Se que no pueden ver bien este lado. La fuerza se lo impide, el brillo del que hablo, el que rodea la multitud valerosa. Pero mi aroma no se les despinta.

Y de vez en cuando pienso en ese abismo que vi. Era atrayente, hipnótico. Tengo que hacer un esfuerzo en no pensar. Me vuelvo a refugiar en la multitud entonces.

Ahora me voy a intentar descansar. Estamos en un polideportivo municipal. Bastante bien organizados. Han puesto esterillas a los lados, y el equipo sanitario atiende ampollas en los pies, desnutrición, infecciónes variadas... y algunas cosas peores.

Dulces sueños, queridos míos.
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