miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tierra.

La historia de la tierra, que es el grano más diminuto de todos los granos en el más diminuto rincón del universo, es rica en catástrofes.

Pero a mi escala, mientras me duró el trance, sencillamente significaba que, de tanto en tanto, la diosa cambia de postura en su largo sueño. Cambia cuando algo, algo como la picadura de un mosquito, le perturba.

Entonces se estremecen los continentes, los mares se encrespan, el cielo se cubre de cenizas... toda la vida en su superficie se reorganiza, caen las civilizaciones... acaba un ciclo y otro comienza. Otro ciclo más del largo sueño de la tierra.

Ese poder, fuera completamente de mi voluntad, fue el que me fue dado esgrimir.

REBECAAAA, REBECAAAA, NO MATES A ROLANDO…. LA PROFECÍA ES FALSAAAA, NO DISPARESSSS

Yo me había ido arrastrando como un gusano. Todos se habían olvidado de mi. No dejé que la inmensidad me atemorizara. ¿Frotaleza? Yo era un apéndice tan solo. Un órgano excretado para un fin por un ser imposible de concebir para vosotros que leéis. Apenas, yo tuve un leve vislumbre (Brau, mi Brau me ayudó en el último momento)

Esas palabras fueron el disparador de la hecatombe: las columnas se estremecieron, el aire se volvió sólido de veras, dando de lado, de un plumazo, a todo el poder concentrado por la sangre de los vestidos de blanco, y del rey. Se hicieron evidentes ejércitos de espíritus en el aire, antes invisibles. El patrón se volvió una acuerela imposible de desentrañar.

Durante un instante fui la tierra, sentí el picotazo de un insecto miserable, y aplasté, distraída al culpable de la molestia.

La fortaleza colapsaba, como en las mejores películas. El rey, ya no más una molestia para la madre, seguía vivo. Los dragones lo habían protegido de lo peor, muriendo.

Tengo recuerdos muy vagos de todos estos sucesos, ya que los vi con sus ojos, los de ella, y ahora que soy completamente humana no alcanzo a descifrar la información: he debido quemar muchos circuitos en el esfuerzo de abarcar lo inabarcable.

Tras el desenlace, que otros contarán, Loa intentó dañar a Rebeca y a Blanca. Recuerdo que comprendí que mi intervención supondría para él una desobediencia fatal, pues supuso su ¿muerte?... Ja. Se transformó en polvo, literalmente. La forma gaseosa de su alma quedó al descubierto, durante un instante, asombrada. Las horribles cicatrices que sus prácticas impías habían dejado en ella daban verdadera pena. Pero fue un instante apenas, porque sopló un viento poderoso que se la llevó como al humo hacia el cuerpo atormentado de Rolando. Bastó, creo, para protegerle de la furia de la madre. O su propio poder. No fue la voluntad de la madre, eso lo se: ella actuaba indiferente a los detalles.

Miembros cercenados de los dragones, machacados, todos revueltos con tierra y sangre caían, atraídos de nuevo por la gravedad. A mi casi me enterraron. Solamente sobresalía de todo ello parte de mi cabeza cuando me encontró Edouard, al final de todo.

-He cumplido con el destino que me había sido reservado, mujer-tierra. Pues para eso estaba aquí. Para eso te he seguido a tí, que te arrastrabas como el menor de los gusanos, arrastrándome a tus pies, sin que lo notaras. Ella cuida de sus órganos de percepción y cuida así de ti.

Sonrió. Me desenterró y me sacó de ahí.

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