martes, 17 de mayo de 2011

El cepo.

Ayer fui al cuartel, para denunciar la desaparición de Brau. Al ver la cantidad de gente que había, tuve que desistir.

Al regresar vi el coche de los tipos esos, aparcado frente a casa. Era un Lada Niva blanco, que no lo había dicho. Hidalgo me dijo que habían salido al campo, tras Brau. No me contó de qué hablaron. Estuvimos esperando sentados en su sala. Yo me dormí. De madrugada me despertó un ruido de motor. Al mirar por la ventana vi que era el coche de los dos hombres, que se marchaban sin decirnos nada.

Esta mañana han venido Franco y él. Destrozados, cansados y a nada de una hipotermia. Brau no ha dejado de toser, con algo de sangre. Parece que ha sido atrapado por un cepo en una zona sin cobertura de móvil y a poco de caer la noche. Han sobrevivido como han podido. Franco es cazador, e iba relativamente bien equipado. Hemos ido a urgencias, para ver el pie y el pulmón, pero al ver el panorama lo hemos dejado. Estaba lleno. El personal parecía asustado, los pacientes histéricos.

Ni siquiera he llegado a aparcar. -Ya te decía que era inútil-, ha dicho Brau. Al regresar nos hemos cruzado con un convoy del ejército. Me tendré que apañar con lo poco que se para curarle. Pienso que no tiene fracturas ni tendones dañados seriamente. Dice que tiene que poner las cosas en orden y entonces relatará lo que le ha pasado.

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