jueves, 30 de junio de 2011

Volando

He parado unas horas en mi cuerpo. Cada vez está más estropeado. Voy a estar unos días aquí... pero eso me llena de una tristeza tan enorme que no puedo expresarlo con palabras.

No sabéis lo que es volar.

Estos días he visto terribles desgracias, matanzas, cuerpos mutilados, tremendas luchas. Pero en el viaje del Nuiz uno se ve inmerso en una especie de burbuja de "energía positiva" que arrasa con todo y deja una sensación de euforia incomparable.

Los ejércitos están en formación. He podido comprobar cómo funcionan varios tipos de Nuiz que no había visto nunca. La gente que acostumbra a entrenarse en artes marciales (el grupo de Nofaustino y de Andy, por ejemplo) puede que termine desarrollando una ingravidez muy útil en la lucha.

Adela se ha distanciado mucho de mi. En el campamento todo está muy avanzado. Han muerto varias personas, y se nos han unido otras. El lloc de la Senyora Escola se está haciendo moderadamente famoso.

Pero aquí vienen, no me dejarán seguir en el ordenador. El doctor me ha recomendado ejercicio, para recuperar masa muscular. Saludos a los que he visto por el mundo del Nuiz. Si supierais, ah, si supierais.

Nuestros Ocellets se están reproduciendo a marchas forzadas. De momento la aviación del ejército los mantiene a ralla... bueno, digamos que están en empate técnico... vuelan demasiado despacio y maniobran mejor que ellos. Pero pronto ya no va a ser así, porque las hembras son inmunes al daño normal. Pronto se harán con el control del aire. Y otra cosa: se alimentan. Nosotros vamos tirando, por ahora, pero están acabando con todo lo que respira en muchas millas a la redonda. Las crias acaban con las presas pequeñas, los grandes acaban con la caza mayor. Aunque tenemos ganado, dentro de un año alimentarse será un problema. ¿Y ellos? Acabarán con todo, seguramente, pero para cuando eso ocurra igual ya no nos importa un pimiento.

Ah, qué tristeza estar en éste cuerpo débil. Es como si te pusieras ropa húmeda y fría, incómoda. Aquí me siento verdaderamente como un gusano miserable.

Saludos. Posíblemente no me dejen ni acercarme al ordenador. A lo mejor Adela se anima a escribir algo, pero no lo se.

Comienzo mi recuperación física.

jueves, 23 de junio de 2011

El rey.

He aquí el Rey. Viene el rey. Que viva el pinche Rey.

Hemos estado muy ocupados por aquí. Sant Climent de Pal es ahora un lugar fantasmagórico. Es uno de los lugares que he visitado en mis sueños. Hidalgo está demasiado bloqueado. Ha manipulado a fondo las mentes de nuestros compañeros. Más que yo. El precio no se hace esperar. Las defensas naturales que todos tenemos actúan y crean ruido en torno a él. Sin embargo ha seguido viendo claramente parte de lo que pasará. Viene el rey. Podéis imaginaros esa misma actitud en una criatura que nada tiene que ver con nosotros. O que tiene demasiado que ver, pero en el mal sentido.

Viene el rey, pero a mi no me paraliza el terror. Viene por fin... caerán ejércitos a sus pies, pero la meta ha quedado bien visible. Caerán hombres y mujeres valientes, pero quedará al descubierto su apestosa majestad, pues descubrir al rey tiene algo de debilidad en cualquier partida de ajedrez. Dejadme que use esa analogía: uno sitúa las fichas a lo largo de la partida centradas en la posición de la pieza a defender. Una brecha, cualquier estrategia que haga que el rey se mueva de su sitio, no solo hace perder una jugada al contrario, además desvirtúa todas las posiciones que ha organizado. Ahora el punto que defienden es un cuadro vacío: el rey se ha tenido que mover.

Hemos puesto al campamento un bello nombre, en el proceso de volvernos a humanizar: El Lloc de la Senyora Escola, El Lugar de la Señora Escola.


Todo ha cambiado mucho. Han caído árboles, varios de los hombres han ido a aprovisionarse a pueblos cercanos. Yo he ido mirando, en sueños, cómo estaba cada sitio. Explorando. Lo único que no puedo hacer es mezclarme con nuestros Ocellets en un mismo lugar. Se defienden de mi. Me expulsan. Pero si que puedo mirar por dónde han pasado. Así que la gente va por esos lugares, donde no queda nada que les guste de comer, y pillan lo que pueden. Me entra el sueño. Parece que hay poca gente cerca, ahora.


Cuidaos mucho los que estéis en un ejército. ¿Os acordáis de aquello de hacer de carne de cañón?


Es posible que os visite durante mis sueños. Ahora vagaré por los aires. Nunca he sido tan feliz.


Adela se junta mucho con un tal Peret. Me temo que no la atiendo bien. Estoy a lo mío, en otro mundo, en otros lugares.


Sant Climent de Pal es un sitio muerto ahora... una pena. Lloraría si pudiera, pero desde que aprendí a volar me cuesta mucho. ¿Será peligroso este entusiasmo que tengo? Atended, puede que vaya a veros en sueños. Si veis un tipo volando, translúcido, delgado, con gafas y camisa a cuadros, procurad hacedle caso. No se dónde me llevarán los vientos del Nuiz. Se intelectualmente que esto es arriesgado, puede que un día no me vuelva a despertar, pero no puedo parar, comprendedlo. He aprendido a volar y no puedo detenerlo. No todavía.

lunes, 13 de junio de 2011

La batalla dels ocellets

Ya la llaman así: la batalla de los pajaritos. Varios muertos, a los que acabamos de enterrar, y varios otros que al decir de Jordi, el médico, es muy posible que no puedan sobrevivir.

Vinieron con conocimiento y resabiados. Llegó una hembra a destrozar el ramaje que cubría el campamento. Los disparon no le hacían nada. Las hembras son casi el doble de grandes que los machos. Las ramas no le herían, nada le hacía daño. Nos pilló en en un momento en el que Hidalgo, el único que podía luchar con ella, no estaba.

Nos han estado espiando, seguramente. Los pequeños, los recién nacidos llegaron por el subsuelo, cavando. Debían haber estado un tiempo preparándose, a bastante distancia bajo tierra. El faro se volvió loco, como nos contó Hidalgo, pero nosotros estábamos en el campamento y no lo supimos. Y el pinche móvil volvió a fallar. Afortunadamente Hidalgo contaba con apoyo, y estaba con la mosca detrás de la oreja desde hacía unos días.

Mientras estábamos entregados a la hembra el suelo comenzó a moverse. Un árbol se tambaleó. El suelo estalló en unos gusarapos con pseudo alas acabadas en garras, y picos afilados con dientecillos tiernos pero peligrosos. Unos gusarapos como terneras, tendría que añadir. Lo de gusarapo es un comparativo que tiene más que ver con las proporciones de su raza que con la nuestra.
El hedor era insoportable. Toqué a cuantos pude, para organizarnos. Pero a la primera muerte, la de la señora Escola, que sostenía a su hijo en alto mientras la devoraban las piernas, mi empatía se volvió contra mi. Me agarró su dolor de manera aplastante. Todo se nubló, el mundo se hizo dolor y no vi nada durante unos segundos eternos.

¡¡Acabeu amb ells, em cago en la puta!! ¡¡Els nens, a les pedres...!! ¡Armes! ¡Armes! ¡Deixeu a la gran i a per els petits!!


Lo primero que escuché fue la voz de Franco, gritando en catalán. Venía con Hidalgo a la espalda, en un arnés que le han hecho para la ocasión. Ni que decir tiene que no estaba pensado para el viejo, ahora está con una lumbalgia que no es ni medio normal. Así y todo, se lo echó al hombro y bajó la cuesta como alma que lleva el diablo. Hidalgo me tocó. Me indicó el camino. La señora Escola estaba resistiendo de algún modo. Mi empatía no funcionaba inteligentemente, pues ella si estaba resistiendo su dolor. De hecho sentí un pensamiento que llegó de ella, un desdén no exento de cierto cariño: ¡hombres! Llegó cuando la descargaron de su hijo y pudo utilizar las manos para sacarle los ojos al gusarapo que le había destrozado las piernas.


Más allá del éxtasis, más alla del dolor, pero no rechazando, sino aceptando como una fiesta, dejando que pasara por ella y a través de ella, para que cuando hubiera pasado no hubiera nada, solo estuviera ella. No tuve más que tocar aquella parte, y volar con Hidalgo.


No recuerdo mucho. Murieron algunos. He estado como tonto durante todos estos días, casi como un vegetal. Fué un torbellino de sangre y sensaciones que me hizo sentir libre, terriblemente libre. No he parado de repasarlo en mi memoria, segundo a segundo, pero todavía no logro interpretarlo correctamente, no se si me explico. Veo imágenes, pero no se lo que veo. Oigo cosas, pero no se lo que oigo. Huelo aromas intensos, pero no los reconozco. Me duele todo, pero no se a quién pertenece mi dolor... Saboreo un manjar exquisito, delicado, pero no se lo que estoy devorando, y no se si es agradable o no.


Ahora es de noche. He salido al porche, a sentarme a fumar, a la luz del farol. Es mortecina, gracias a todos los dioses. Estamos vivos. Aunque me han dado "vacaciones" se que mañana tendré que trabajar, porque no se puede desperdiciar ni un gramo de fuerza y la gente ya me mira ligeramente de lado.


A la hembra no pudimos acabarla, se, me han contado que Hidalgo le hizo algo que no le gustó nada. Los gusarapos eran relativamente débiles. Hemos perdido gran parte de nuestro equipo, pero afortunadamente se han salvado las drogas y Jordi, el doctor. Me río. Con lo que me gustan estas cosas. 


Bien, aquí estamos. Sobreviviendo.

sábado, 4 de junio de 2011

Ocellet

Pues si, el pajarito. Hoy andaba todo el mundo discutiendo si talar unos cuantos árboles o no. Yo ni me enteraba. Había bajado a donde está el campamento, pero entre el catalán, el frances y el castellano chapurreado me estaba haciendo un lío.

El argumento en contra (se ha mostrado cierto) era el de que los árboles, en realidad, nos protegían de los Ocellets (pajarito en catalán) que es como llaman por aquí a los Nagishi. A los diablos voladores. Bien lo saben ellos. La madera hacía falta para no se qué. A todo esto, nos habíamos olvidado de mirar el chivato, el farol que denuncia la proximidad de los diablos. Todos menos Hidalgo, claro, que suele estar en casa, entregado más que yo (tiene más aguante) a nuestro escaneo de los alrededores. Digo alrededores, pero lo contamos por cientos de kilómetros. He de decir que, excepto a Pilar, ya os hemos captado todos. Aparecéis alto y claro. Pertrechados del google maps, de un péndulo y de muchos analgésicos (causa dolor una exploración del Nuiz a tan gran escala) sobrevolamos como buenos Ocellets toda la península y parte de Francia.

Andábamos en nuestras disquisiciones sobre si cortar uno o dos árboles para dejar sitio a otra casa prefabricada cuando escuchamos la voz de Hidalgo. Venía arrastrándose por la ladera abajo. Luego me ha contado que bajó con la silla a lo loco, que frenó contra un zarzal, y que siguió como pudo, porque el farol se había vuelto loco y nadie escuchaba el "pinche móvil". Entonces fue cuando vinieron los pajaritos.

Todo el mundo se dio cuenta de lo que decía Hidalgo. Sentí una manipulación en el Nuiz. Me di cuenta de lo que intentaba hacer y le seguí la onda (nunca mejor dicho esto de seguir la onda, muchas expresiones tienen que ver con percepciones subconscientes del Nuiz). Inmediatamente el caos que se estaba comenzando a formar se trocó en organización cuasi militar. Los niños se escondieron bajo los coches, en las casas, en una pila de palés que había cerca, entre los arbustos... y en fin, aquí estamos, lo hemos contado.

Ahora las mujeres están probando a cortar y congelar unas cuantas arrobas de carne de Ocellet.

Yo tengo un dolor de cabeza que ni podéis imaginar. Pero estoy satisfecho.

Adela se portó estupendamente, tiene los ovarios de plomo. No necesitamos "tocarla" en ningún momento. Cuando casi se la llevan sentí que se me paraba el corazón. Todo se detuvo por un momento, al dejar de apoyar a Hidalgo por puro terror. Pude controlarme, no se cómo. Creo que fue él, Hidalgo, quien me ayudó. Por un momento todo el mundo luchó totalmente solo. En compañía pero solos. Y salvaron a Adela. Se me hace un nudo en la garganta de pensarlo. Pero estamos aquí. Vivos. Esta noche cenamos Ocellet.
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