lunes, 13 de junio de 2011

La batalla dels ocellets

Ya la llaman así: la batalla de los pajaritos. Varios muertos, a los que acabamos de enterrar, y varios otros que al decir de Jordi, el médico, es muy posible que no puedan sobrevivir.

Vinieron con conocimiento y resabiados. Llegó una hembra a destrozar el ramaje que cubría el campamento. Los disparon no le hacían nada. Las hembras son casi el doble de grandes que los machos. Las ramas no le herían, nada le hacía daño. Nos pilló en en un momento en el que Hidalgo, el único que podía luchar con ella, no estaba.

Nos han estado espiando, seguramente. Los pequeños, los recién nacidos llegaron por el subsuelo, cavando. Debían haber estado un tiempo preparándose, a bastante distancia bajo tierra. El faro se volvió loco, como nos contó Hidalgo, pero nosotros estábamos en el campamento y no lo supimos. Y el pinche móvil volvió a fallar. Afortunadamente Hidalgo contaba con apoyo, y estaba con la mosca detrás de la oreja desde hacía unos días.

Mientras estábamos entregados a la hembra el suelo comenzó a moverse. Un árbol se tambaleó. El suelo estalló en unos gusarapos con pseudo alas acabadas en garras, y picos afilados con dientecillos tiernos pero peligrosos. Unos gusarapos como terneras, tendría que añadir. Lo de gusarapo es un comparativo que tiene más que ver con las proporciones de su raza que con la nuestra.
El hedor era insoportable. Toqué a cuantos pude, para organizarnos. Pero a la primera muerte, la de la señora Escola, que sostenía a su hijo en alto mientras la devoraban las piernas, mi empatía se volvió contra mi. Me agarró su dolor de manera aplastante. Todo se nubló, el mundo se hizo dolor y no vi nada durante unos segundos eternos.

¡¡Acabeu amb ells, em cago en la puta!! ¡¡Els nens, a les pedres...!! ¡Armes! ¡Armes! ¡Deixeu a la gran i a per els petits!!


Lo primero que escuché fue la voz de Franco, gritando en catalán. Venía con Hidalgo a la espalda, en un arnés que le han hecho para la ocasión. Ni que decir tiene que no estaba pensado para el viejo, ahora está con una lumbalgia que no es ni medio normal. Así y todo, se lo echó al hombro y bajó la cuesta como alma que lleva el diablo. Hidalgo me tocó. Me indicó el camino. La señora Escola estaba resistiendo de algún modo. Mi empatía no funcionaba inteligentemente, pues ella si estaba resistiendo su dolor. De hecho sentí un pensamiento que llegó de ella, un desdén no exento de cierto cariño: ¡hombres! Llegó cuando la descargaron de su hijo y pudo utilizar las manos para sacarle los ojos al gusarapo que le había destrozado las piernas.


Más allá del éxtasis, más alla del dolor, pero no rechazando, sino aceptando como una fiesta, dejando que pasara por ella y a través de ella, para que cuando hubiera pasado no hubiera nada, solo estuviera ella. No tuve más que tocar aquella parte, y volar con Hidalgo.


No recuerdo mucho. Murieron algunos. He estado como tonto durante todos estos días, casi como un vegetal. Fué un torbellino de sangre y sensaciones que me hizo sentir libre, terriblemente libre. No he parado de repasarlo en mi memoria, segundo a segundo, pero todavía no logro interpretarlo correctamente, no se si me explico. Veo imágenes, pero no se lo que veo. Oigo cosas, pero no se lo que oigo. Huelo aromas intensos, pero no los reconozco. Me duele todo, pero no se a quién pertenece mi dolor... Saboreo un manjar exquisito, delicado, pero no se lo que estoy devorando, y no se si es agradable o no.


Ahora es de noche. He salido al porche, a sentarme a fumar, a la luz del farol. Es mortecina, gracias a todos los dioses. Estamos vivos. Aunque me han dado "vacaciones" se que mañana tendré que trabajar, porque no se puede desperdiciar ni un gramo de fuerza y la gente ya me mira ligeramente de lado.


A la hembra no pudimos acabarla, se, me han contado que Hidalgo le hizo algo que no le gustó nada. Los gusarapos eran relativamente débiles. Hemos perdido gran parte de nuestro equipo, pero afortunadamente se han salvado las drogas y Jordi, el doctor. Me río. Con lo que me gustan estas cosas. 


Bien, aquí estamos. Sobreviviendo.

1 comentario:

  1. Os felicito Brau, habeis librado la primera batalla pero no os confieis porque la guerra no ha hecho más que empezar. Somos solidarios con vosotros porque es lo que, mucho me temo, se nos avecina.

    Saludos y Fuerza.

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