jueves, 19 de mayo de 2011

La noche.

Nos pasamos el día dando vueltas. Arriba, abajo, al paso cansino de Franco, que ya es viejo. Bien le venía a mi pulmón, así que no protesté. De vez en cuando probaba con el abrecartas, en los descansos. Franco llevaba una mochila vieja, un mono y unas botas de agua. La escopeta, vieja pero bien cuidada, las cartucheras... esas cosas de cazador. A mi me dejó encargado de la comida.

Vueltas y vueltas mientras pensaba en aquellos años. Los libros prohibidos, que los hay, los negocios sucios que se dejaban entrever y que yo, aturdido, me negaba a investigar con excusas de lo más variado.

Me pareció que Franco me estaba dando largas, de algún modo. Sus excusas no llegaban más que a gruñidos, y yo no soy un chico de campo, pero se sumar dos y dos, y triangular una posición de manera intuitiva. El abre cartas no miente. Posiblemente no sea más que un trozo de metal bonito. Pero estas cosas adquieren significado, el que le da nuestra imaginación, y solo por eso nos sirven de foco. Si, algunas lagunas van desapareciendo poco a poco de mi memoria.

Comencé a mirar al viejo de manera que sintiera mi desilusión. Finamente un tanto de desdén pueblerino, cruel, disimulado con una pizca de retranca. Alguna alusión a su edad. En ese contexto, propuse volver, insinuando que si no igual nos perdíamos, por sus mermadas facultades y eso. Ya fue demasiado. Entonces comenzamos a buscar el nido de verdad.

La noche en los bosques no es silenciosa, está llena de ruidos y de signos. La mayoría de los animales es entonces cuando se mueve en serio. Lo he sabido estos días. Es un verdadero jaleo de chasquidos y susurros. El tráfago que se traen los bichos deja signos que se leen por el día. Estos signos miraba el viejo, de cuando en cuando. Pasado cierto punto le hicieron la cara de piedra. Nos acercamos: era al fondo de un valle estrecho y escarpado, con un regato escondido entre las ramas. Cerca pero lejos, por culpa de la pendiente y de la maraña retorcida de vegetación. Húmedo, sonoro. No se escuchaban pájaros, eso no. Eran nuestras huellas en las hojas, atronadoras. El viento, el agua, los insectos, los murmullos en mi cabeza, que por la noche escucho en sueños y que ahora venían a mi. La conocida sensación metálica en la boca me insensibilizó y provocó que nos metiéramos en la trampa.

Bajando por una senda de jabalíes me quedé atrapado. Había pasado de largo el medio día: el sol estaba confundiendo las formas, alumbrando de través.

El dolor me despertó, en cierto modo. Los murmullos se hicieron atronadores. En medio del éxtasis, porque el dolor es un éxtasis, pude distinguir los signos en rojo: el terreno ondulando de vida bajo la hierba y las flores, la colina hueca, minada de túneles. Atrapado.

Franco actuó con sensatez y sangre fría. Con un cuchillo hirió lo que fuera que me mordía desde el agujero en que metí la pata. Un culebreo, un estremecimiento, un suspiro por toda la ladera. Cojeando, me subí a unas piedras grandes que había cerca. Llamé. El viejo me copió los movimientos, prudente. Ahí estuvimos un par de horas. Rodeados. En medio del nido. Ahí nos cazó la noche.

Franco me curó como pudo, sacó unas gafas de visión nocturna. Ahora sé que es un cazador furtivo. Con demasiada familiaridad las trata, y no son nuevas, como todo el equipo hiperpijo que tiene Hidalgo. Tienen roña de muchas salidas. Bien, pecadillos tenemos todos, qué se le va a hacer.

Esperábamos lo peor bastante tranquilos. Si, yo ya estoy de vuelta de ciertas cosas. He ganado cuajo con los años. Él es viejo. El miedo no nos impidió mear por turnos desde lo alto de la roca. Nos hacía sonreír tensos, esos momentos que fundan amistades.

Entonces llegaron los tipos. Linternas frontales entre la hojarasca, lejanas, cuesta arriba. Ahí habían estado acechando los guardianes. El susurro en mi cabeza se hizo áspero, doloroso. Comencé a saborear mi sangre. No se veía a tres en un Brau (jeje), pero adivinaba la lucha. Sonó un tiro, un tiro con silenciador. Franco se tensó. Preparó la escopeta, disparó. Aunque no se oía nada de lo que pasaba bajo tierra, yo lo sentía. Un bullir desesperado de formas blandas. La roca donde nos refugiábamos se comenzó a ladear perezosamente.

Estalló la tierra. Los seres surgieron por cientos. Fosforescentes, inmaduros. Iluminaron todo de colores enfermizos. El susurro áspero formaba palabras. El susurro eran los tipos y su puto Nuiz salvándonos la vida. Los seres inmaduros se perdieron en el cielo. Nos latían los oídos. Mi camisa estaba empapada de sangre. Comencé a sentir el trauma de verdad, a descontrolar. Franco se reía bajito, bastante histérico. De arriba nos llegó una voz fría, con acento eslavo. "Eh, Brau, aquí están los cabrones que esperabas. Eh, te hemos salvado el culo. No hemos traído sensitivo, para eso nos has servido tú, eh. Pero ahora te dejamos. Ya te llamamos cuando hagas falta. Y tú vendrás. Cuídalo, viejo"

Se marcharon. Nosotros pasamos la noche como pudimos. Una noche eterna.

Si, Hidalgo, ya lo se. Soy un mentiroso. Y tú un pinche cabronazo. Eso quieres ¿no? ¿Pánico? Pues ya está. Esta es la verdad. No había cepo. Tengo las huellas de una hermosa hilera de dientecillos de leche a lo largo de toda mi pantorrilla. Por los dos lados. Ahora me han estado curando. Dios, cómo duele. Y lo que es los monstruos, pues no, no ha muerto ninguno, que yo sepa. Asustados quizá. Están por ahí. Sueltos, creciendo, en otro nido más lejano.

5 comentarios:

  1. !Menuda aventura Brau! tal vez hubiera sido mejor dejarles en su madriguera, todos juntos. Ahora andarán por ahí escondidos hasta el día en que maduren y deseen conocer el mundo. Esos dientes que te han mordido no tendrán algo de vampíricos y acabes convertido en uno de ellos.

    Si hablas de monstruos puedo decirte que uno ha llegado a mi ciudad, no se si perdido o buscando algo o a alguien, pero ha dejado detrás varios muertos y heridos.

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  2. ...traigo
    sangre
    de
    la
    tarde
    herida
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    BRAU

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE CARROS DE FUEGO, MEMORIAS DE AFRICA , CHAPLIN MONOCULO NOMBRE DE LA ROSA, ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER ,CHOCOLATE Y CREPUSCULO 1 Y2.

    José
    Ramón...

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  3. Qué varazos más suavitos. Con la pierna en alto, por la inflamación, mirando por la ventana el farol que se apaga y enciende solo. Así se puede contiuar. Luchad cuando llegue el momento, no cejéis, no cejéis nunca.

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  4. A ver quién ese señor que se cree poeta y escribe "este alma" sin saber que alma era ya femenino en latín.

    Saludos a Brau, Adela, Blanca, Pilar, Rebeca, Hidalgo y toda la peña.

    Sé que conseguiréis hacerles frente y destruirlos.

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  5. Huy, pues tienes razón S.M. se agradece la erudición, más de lo que crees.

    En cuanto a lo de hacer frente, espero que tú conseguirás lo mismo. Sé de buena tinta que los tienes debajo.

    A Blanca, lo mismo. Donde hay un adulto es por que protege un nido. En un nido puede haber decenas de miles. ¿No ha habido atascos en las alcantarillas de tu zona?

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