domingo, 18 de septiembre de 2011

El señuelo.



Nos acercamos a Manzanares el Real desde el Norte. Por qué tuvimos que dar semejante rodeo, solo Brau lo sabe, pero nos aconsejó hacerlo así.

A partir de Balsaín, nos rodearon espesos bosques de pinos. La carretera serpenteaba. El tramo a partir del cual la cuesta comienza a ser penosa, cerca del puerto de Navacerrada, se llama "las siete revueltas" y, quién sabe, quizá ese fuera el motivo del rodeo. Ahora Brau es más extraño y caprichoso que nunca.

Pasamos el puerto, donde hacía ya bastante frío. Procuramos hacer noche ya en la cara Sur de la sierra. En el pueblo de Navacerrada despachamos a una turba de supervivientes que nos pretendían robar... a nosotros. Espiga de arroz, los mano vacía y yo dimos cuenta de ellos.

Nuestros caballos ya casi formaban parte de nosotros. Las agujetas propias del jinete novato se nos iban pasando. Los animales parecían habernos adoptado, a pesar de que era patente que el carácter de algunos de ellos no era amigable, nos dábamos cuenta de que habíamos alcanzado, cada uno con el suyo, un estado parecido a la simbiosis.

A partir de ahí, todos los demás núcleos de población -incluyendo el pueblo de Manzanares- estaban muertos y vacíos. Pasto de los cuervos, de los lobos y perros asilvestrados, y de los buitres.

Brau cuchicheaba con Andy y con Rodrigo. El violinista ensayaba una curiosa melodía.

Rodrigo. Me di cuenta de que Rodrigo miraba a Brau con un nuevo respeto. No intenté sonsacarle nada de lo que planeaba: bien sé que soy una nueva persona. Puede que algún día me moleste en contar en qué consiste el cambio que sufrí durante la batalla.

El Castillo está a los pies del embalse de Santillana. Cerca hay una rotonda, adornada con la estatua de un gato, que encontramos tirada y llena de pintadas, quién sabe porqué razón.

Brau, Andy y Rodrigo nos pidieron que permanecieramos ahí, esperando. El cielo, la hierba, las casas, parecían como teñidas de una extraña negrura, vista más con el ojo interior que con los normales. Todo el pueblo olía a podredumbre de poco más de dos semanas: he aprendido a distinguir estos matices.

Volvieron al amanecer del día siguiente. Andy venía empujando la silla de ruedas de Hidalgo, con Hidalgo en ella, silencioso y pálido. Rodrigo venía llevando el cuerpo muerto de Brau. Y sin embargo, me sentí tranquila. Todavía lo estoy. Entonces mi tranquilidad era asesina.

-Será mejor que me cuentes lo que ha pasado-. Mi voz prometía dolor y sufrimiento.

Rodrigo, actuando despacio, con extrema cautela, como quien trata con un animal peligroso, desenvainó la espada y la clavó en el suelo, delante mío. Inmediatamente la hierba alrededor de la hoja se marchitó.

-Será mejor que te lo cuente él, princesa-, dijo.

Braulio apareció, salido de la hoja. Me contó todo lo que había pasado. Cuál fue su plan y sus consecuencias.

El cuerpo de Brau fué el señuelo, el cuerpo vacío con el cual tentaron a la sombra. Brau le facilitó el camino irrumpiendo en su santuario, en forma astral, abriendo así su guardia a propósito.

Andy tocó la canción para ocultar la espada, y para confundir a la sombra. La espada, de proporciones clásicas, sonaba con un tono preciso, mágico. Su metalurgia, cuidadosa y pura, no solo había creado un arma excepcionalmente flexible y resistente. La espada era, además, semejante en todo a un instrumento musical. Bastó tocar el hechizo al violín en un tono armónico con el de la espada, bastó confundir con él a la sombra para que no se diera cuenta del peligro, pues la espada sonaba por simpatía, y desapareció para ella, se mimetizó. La sombra se abalanzó sobre el cuerpo vacío de Brau, y Rodrigo salió de su escondite, y atravesó el corazón del cuerpo de mi hombre.

 Con su estratagema, Brau atrapó al vampiro en un cuerpo adecuado para él. Atrapó al oráculo, peligroso y sanguinario, la imagen del ansia, en una espada creada para él.

Rodrigo me ha dicho que, al principio, se sintió dominado por la espada. El oráculo, a través de la empuñadura, dominó su mente con un ansia de vida bestial. Andy estuvo a punto de sucumbir, asesinado por culpa de ese ansia, pero Brau había seguido al vampiro dentro de la espada, y compartía su cuerpo, y ahí sigue. Consiguió dominar al oráculo, porque es un yonki. Un especialista en estas cosas. Él ya sabe lo que es el ansia, y sabe cómo combatirla. Ahora, Brau, un tipo completamente inelegante. El típico capaz de vestir camisa de leñador pesando cincuenta kilogramos, y de calzar zapatillas de deporte, a su edad, es el contrapunto del Oráculo, tan siniestro, tan seductor, tan maligno y descontrolado, puro. Brau se descojona de su pureza, y la domina.

Esta noche me ha visitado en sueños. No existen prisiones para su espíritu. Con eso contaba, pues su poder es ese, precisamente. Vi su cordón de plata salir de la empuñadura de la espada y al oráculo rabiando en su interior, revelándose en las filigranas de la guarda.

Me ha dicho que no puede estar fuera demasiado tiempo, porque en cuanto abandona el arma, la mente de Rodrigo comienza a ser roída pacientemente por el poder desdoblado de Hidalgo.

Pero nos ha dado tiempo de hacer el amor.

Por eso, a pesar de todo, me encuentro bastante tranquila. La vida de Brau será la vida de la espada, es su nuevo cuerpo.

Durante todo el día de hoy hemos caminado hacia el Norte, por la Nacional I, a caballo. Vamos a Francia.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los locos de la música y la espada.

Desde que estamos con el loco de la espada y su compañero el violinista, andamos muy entretenidos.

Adela, yo, Andy los compañeros de la mano vacía, los resucitados de no Faustino y una manada de caballos a los que conseguimos seducir gracias a algunos sacos de pienso y... no voy a revelar todos mis secretos eh... formamos una buena compañía por las llanuras castellanas.

El día en que supe dónde se encontraba Hidalgo, de viaje, estaba intentando penetrar desde fuera el laberinto de la Madre Tierra, esa herida tan antigua, y ver si podía ayudar de alguna manera a Rebeca y a los suyos. Hablaba con una especie de puñeteros pitufos. Imaginadlo, pitufa por aquí, pitufa por allá... un tostón. A veces los espíritus de la naturaleza toman formas tomadas de la imaginación humana, como una travesura de significado oculto para mi. Sobreimpresa en sus cuerpecitos azules veía lo que pudiera ser su verdadera forma: pequeños animales retorcidos, hechos de tierra y raíces, y de sangre latiendo en venas al descubierto.

Amanecía ya, y el tiempo se había dilatado desde el abandono de mi cuerpo, tanto, que habían pasado años, años de lecturas en bibliotecas perdidas aquí y allá. Años siguiendo pistas, y el rastro del laberinto.

Los pitufos guardaban el umbral del laberinto, el portal que formaban dos sauces con siete ramas, de las que salían siete ramas, de las que salían siete ramas más, de las que brotaban siete hojas y siete flores. Dos veces tres por siete, y de nuevo el dos en forma de hoja y flor: un misterio que ya nunca podré resolver, y la llave de la puerta, seguramente.

Harto de que me dijeran "no" de las maneras más enrevesadas, me di la vuelta, no sin hacer el signo de la buena espera. Sin educación no se gana nada, más que enemigos, por estos lares. Entonces vi un castillo al pie de una sierra. Un castillo brillante y luminoso.

Mirando de reojo me despedí lo mejor que pude de los espíritus y volé alarmado, y vi el castillo desligado de la visión que había tenido a la entrada del laberinto, tal y como estaba en ese instante. Manzanares el real, el castillo de los Mendoza, en la sierra de Guadarrama, al pie del Yelmo, una masa de granito redonda entre berrocales inmensos y pinos, y valles regados por diversos ríos. Y escuché una música.

Alguien sacudía mi cuerpo... el loco de la espada con sus ojos rojos de no dormir bien. Adela le miraba con una peligrosa benevolencia mientras me sacudía. Entretanto Andy tocaba el violín, y esa era la música que había oído.

Visto el post de Hidalgo, y mis vivencias de la noche, creo que ya se cómo armar una pequeña trampa para la sombra, si. Música y filo nos ayudarán, y una pequeña cancionceta que me sé, pues Hidalgo se encuentra encerrado en ese castillo.

Esperanzas, no tengo muchas, pero cuando la mente ha visto lo que hacer ya no queda sitio para quedarse ocioso entre el cielo y la tierra: acabamos de ensillar a los caballos, uncir el carro y empaquetar todo lo necesario para el viaje.

Si, todo el mundo dirá que se nos olvida un pequeño detalle sin importancia: nada menos que un vampiro. Pero todos los planes buenos de verdad, tienen algún pequeño cabo suelto, qué le vamos a hacer. Hasta que se resuelva, adiós compañeros.



jueves, 1 de septiembre de 2011

Un poco de magia.


Este dibujo representa a la serpiente, Damballah. Es una entidad muy peligrosa, según Brau. Pero, como todos, hará de garante de cualquier pacto que se celebre bajo su protección. Claro que respetará, como suelen hacer, únicamente la letra, no necesariamente el espíritu.

Brau no quiere acercarse a Internet, ni a ningún teléfono. Parece que le ha cogido bastante odio a la comunicación vía satélite, aunque no me ha dicho por qué.

Dice lo del tótem porque es lo que tenía Loa entre manos cuando Rebeca entró en su santuario. Puede que tenga que ver con el pacto, puede que no.

El tiempo que Brau ha estado sin su nuiz, ha conseguido recuperar bastante músculo. El grupo, que originalmente estaba formado por mi, Brau, Hidalgo y dos cazadores, pertenecientes a la mano vacía se separó siguiendo dos pistas. Buscábamos la sombra de Hidalgo.

Nos habíamos encontrado con dos de nuestros compañeros del campo de la Senyora Escola, el primer asentamiento formado alrededor de la casa de Hidalgo, en Andorra. Eran un chico y una chica, Andreas y Rosalinda. Su misión era ir a buscar medicamentos a zonas no saqueadas, y nos comentaron que habían sabido de un extraño suceso luminoso, cerca de Matalascañas.

Nosotros seguíamos la segunda de las dos pistas: el rastro del demonio-sombra. Un pájaro negro, que lanzaba poderosos aullidos en la noche y que habían visto ellos mismos, hacía varias horas.

Nuestra pista está delante de nosotros, y ha resultado un fiasco. El "pájaro" habrá caído al suelo no hace demasiado tiempo, lo hemos encontrado guiados por el humo que desprendía. Era, no os lo vais a creer, un ultraligero con un equipo de sonido sujeto con alambre y que emitía sonido a un montón de decibelios. Ahora todo está destrozado, por la caída, incluido el ocupante: un viejo extraño con gorro, bufanda y gafas de aviador. La verdad es que no dejo de sorprenderme por las cosas que nos pasan. El equipo de sonido todavía zumbaba, y de su interior hemos sacado un cd de los AC DC.

Mientras Brau no recupere el poder de manos de Rebeca, su visión se limita a un par de hechizos que ha aprendido en sus viajes. Se ha agenciado un mechón del cabello de Hidalgo, y seguiremos su pista en cuanto descansemos. Nos ha de bastar el uso de un poco de magia, de momento.

Mientras tanto, os mandamos ánimos a todos. Y todo nuestro cariño.

Adela.

jueves, 25 de agosto de 2011

Una nueva visión.

La ceguera es terrible.

Llevamos días y días vagando por campos desolados en busca de la sombra. Una sombra alejándose de nuestro camino, y sombras que nos siguen en el mundo de las sombras.

En un cierto sentido, los demás hacen mal en estar preocupados por mi. No pueden hacerme nada, mientras no tenga absolutamente nada de miedo. La esencia de estar en el otro lado es la de la inocencia total. De otra manera no podría estar, así de sencillo

Estaba a punto de sucumbir, y de cortar yo mismo el cordón que me une al mundo de la carne cuando renació Adela. Y ese fue el verdadero peligro del que me salvó, mi Adela, de nuevo de vuelta. Las imágenes del otro mundo son eso, lo mismo que lo soy yo, cuando estoy ahí. Cuerpos evanescentes, e indestructibles, salvo por algún desconocido cataclismo cósmico.

Las imágenes de sangre, sin embargo, me afectan cuando vuelvo al mundo de la carne, y me amenazan de muchas maneras. Me dicen que tengo que volver una y otra vez, y yo siento que esa es la verdad. Y me está siendo tan difícil hacer lo que tengo que hacer, que me voy por las ramas.

Veo que Beatriz se está mostrando al fin. Le hará bien. No es bueno guardar secretos. Pero pronto estará aislada, porque es... bueno, inexperta.

Viajamos Hidalgo, Adela, yo y unos compañeros de la mano abierta, nada más. He vuelto a tener un leve contacto con nuestros amigos, los monjes tibetanos, pero ha sido tan evanescente y complicado que me supera. En algo andan, lo se, pero no he sido capaz de seguirlo.

Un yermo, anochece y el cielo parece que sangra. Todo es de color naranja. El azul se tiñe de estrellas y negrura, al otro lado. La estación espacial internacional sigue ahí, en el firmamento. Me pregunto qué habrá sido de los astronautas. Igual voy a hacerles una visita.

No, no puedo. Hoy tengo que acostarme y renunciar por un tiempo. Pero es tan difícil.

Si, la ceguera es algo terrible. Debo buscar una solución. Esta noche viajaré al poblado A de Rebeca, porque les acecha un terrible peligro.

Rebeca, estás a punto de pasar la mayor prueba de tu vida. Hoy voy a pasarte mi poder. ¡Ten cuidado! Por un lado tendrás que dominar el miedo, porque a tí también te perseguirá la sangre que tiñe el lado oscuro. Pero eso no es lo peor, tú lo sabes, sabes lo que quieres y que no tendrás tiempo de intentar. Ni lo pienses. Cuando en sueños ponga mi mano en tu frente, volveré al mundo de la carne, y hasta que liberes mi poder estaré desterrado. Hoy no sabes qué sacrificio supone, mañana lo sabrás. Hónralo y da la vista a tus compañeros. Dales ojos hasta que radar esté bien. Nosotros tiraremos con Hidalgo hasta que se cure. Pero estaremos tuertos, y en peligro, y tú, lo siento tanto, tanto, no tienes tiempo de vagar y vagar en busca de tu amado.

Por lo menos te quedará una cosa. Piensa esto: que lo que te dije es algo más que un mero consuelo. Y que existe la posibilidad de que un día volváis a encontraros.

lunes, 15 de agosto de 2011

Rolando.

Al fin puedo escribir sobre él.

Espero que más de uno se haya dado cuenta de que no lo había mencionado mas que por encima. Los lazos emocionales eran demasiado fuertes. Hay cosas en las que no puedo intervenir, está claro. El señor Popov ha sido muy inteligente y se ha deshecho de gran parte de mi influencia consiguiendo la complicidad de la señorita Goyri. Hasta ese punto llega mi obligado respeto.

¿Limitaciones? Si, me es completamente imposible llevar a cabo acción alguna sin el consentimiento de aquel a quien afecte. Por supuesto, hay atajos, pero dejarían tan mermado mi poder que ni merece la pena tenerlos en cuenta. Me vería relegado a ser algo así como un mago de feria, un vulgar hipnotizador.

Si, puedo atravesar paredes; el mundo físico, en lo tocante al conocimiento es como una simple imagen para mi, como una realidad virtual que puedo atravesar a voluntad: puedo leer libros cerrados en cualquier parte del mundo, en cualquier idioma, basta con que alguien los haya leído antes. Pero todo aquello que cualquier persona considere un secreto, es como un muro de ladrillos. Se, pero no puedo contar.

Puedo estar en cualquier lugar del mundo físico con solo pensarlo: cualquier lugar en que pueda pensar, evidentemente,  pues si no conozco por lo menos algo del lugar, no puedo estar ahí. Por eso me es tan útil el ordenador.

Así pues, puedo comentar esto con limitaciones.

Rolando vive en otro plano, pero ha sido desligado por la muerte de el nuestro. Una advertencia para Rebeca: las emociones juegan para él un papel tan importante como para mi. Tu dolor le llega como un terrible dolor de muelas, que le impide concentrarse en lo que está haciendo ahora. Y seguramente esté muy ocupado, pues el alma que abandona su cuerpo tras la muerte acude al salón de las memorias, para repasar su vida. Intenta moderarte si le quieres, envíale tu amor, él está bien. El hecho de que le recuerdes constantemente que tú no estás bien le paraliza, por que no puede volver a ti.

Creo que puedo decir esto, porque aunque Popov lo considere un secreto, ya ha sido desvelado por otros medios. El Rolando que fue revivido nunca fue Rolando, aunque si que tuvo conexión con él. Para tu consuelo, Rebeca, él te pudo ver, aunque no le hiciera ningún bien.

Ahora la ranchera en la que vamos Hidalgo y yo va por lo que parece un verdadero camino de cabras. Los peregrinos que nos acompañan son una larga fila delante y detrás. Hidalgo parece algo mejor de salud, yo ayudo en lo que puedo. Tras el descanso que le proporcionaste, Rebeca, ha recuperado parte de su poder y, aunque aparentemente no le ha ayudado mucho, creo que a la larga si que será para bien, porque siento claramente como forma conexiones alternativas, gracias a la actividad a la que se ha acostumbrado, que ayudan a eludir las parte dañadas de su cerebro. Aunque ahora su poder esta... mermado o cambiado; creo que seré capaz de ayudarle a recuperarlo.

Tiene ese gesto del que ha sufrido daños cerebrales: la boca torcida, un brazo inútil cuya movilidad quizá pueda recuperar en parte, el habla distorsionada...

Quien manejaba a Rolando consiguió información. Como tiene las mismas limitaciones, al otro lado, que las que yo tengo, necesitaba un vehículo físico para conseguirla, pues todo aquello que queremos mantener oculto se mantiene efectivamente oculto, para aquel que hace viajes por el otro lado.

Pero yo también pude echar una ojeada, no diré más. Es una sencilla advertencia al que abandonó su cuerpo para poseer otro. Estuve en tu cuerpo Loa, y dejé ahí mi sello. Estuve en tu cuerpo y caminé, y vi lo que tenía que ver.

Rolando, por supuesto, me fue de gran utilidad, junto con Rebeca: juntos formaron un único ser en la batalla y es ese el molde, el ejemplo, la conexión fundamental, lo que hizo posible que todos se unieran en un momento u otro, formando una mente colmena altamente operativa.

Hay esperanza.

Pilar y Blanca serán de gran ayuda. Andy, Faustino, Grecia, Radar (de nuevo saludos, querido amigo), todos tienen su papel, el que han elegido por si mismos.

Hay esperanza y viene el rey del vacío, sale de su enroque y nosotros seguimos teniendo la iniciativa.


martes, 9 de agosto de 2011

Una vida nueva cada vez.

Ah, qué batalla. No puedo describirla. Estuve haciendo de enlace para todos y casi me destroza. No podría transmitir semejante información.

Nosotros los humanos tenemos una característica que es a la vez virtud y defecto: tenemos grabado en todo nuestro acervo un patrón de comportamiento que posibilita que seamos un organismo conjunto. Se manifiesta de manera estadística, no absoluta, pero está ahí para quien quiera aprovechar: cuanto más número de personas y cuanto más extrema la situación en que se vive, más probabilidad hay de que se manifieste.

No puedo describir la batalla más que mediante el lenguaje.  Yo fui el nexo y, tomando prestado de Hidalgo y de Radar, gente apropiada para determinados mensajes, pude establecer un principio de patrón colectivo de comportamiento. Pero tomando (lo siento chicas) prestado de Rebeca, de Blanca y de Pilar llegamos a la victoria. Y de Andy, y de Ronaldo, y de No-Faustino (si, me hace mucha gracia, jaja) tomé momentos decisivos, puntuales, tanto del principio como del final, para hilar con sutileza, y eliminar el miedo y la confusión. No aporté nada por mi mismo, tomé de unos, pasé a otros.

De todo esto creé mi armadura contra la locura. De la misma manera que pude soportar el dolor y el miedo que me llegaba en aquel momento tan lejano: ¿recordáis a la señora Escola? De vosotros saqué fuerza para empujar y proteger y para manipular también, si.

Lo primero que hice fue disolverme en ese patrón gregario, en mi ser básico y primitivo, tras programar determinadas instrucciones planeadas previamente por el puñetero alto mando. Otra de las razones de no poder recordar bien: no era del todo yo.

Luego usé el patrón de manera que funcionara como nexo... bien. No hice más. Pero debemos esperar. Y yo no he manipulado mucho... una ley de este patrón, para que todo el mundo se tranquilice, que no soy el puto gran hermano: todo el mundo controla un poder parecido al mío, pero de manera inconsciente, sin embargo, este inconsciente incorpora automatismos que saltan en cuanto el que interviene (yo, durante la batalla) intenta hacer algo que el interesado no haría por sí mismo, generando un ruido tal que inhiben completamente todo el sistema.

Es todo lo que puedo decir para describir la batalla. Esto y la vida nueva. Vi los cuerpos de los fallecidos. Si el talento de Hidalgo hace tender al pesimismo, a ver muerte y dolor es por que es así... en este plano. Pero este, amigos, no es el único mundo que habitamos. Hay otros mundos y otros lugares, los muertos, si he de creer a los tibetanos que encontré por ahí, han nacido en otro lugar. Yo he visitado el mundo de las sombras y no he encontrado nada que lo contradiga. Ánimo, que viene el rey, que se mueve el rey. Preparemos un recibimiento adecuado, digno de él. Hagamos una vida nueva, cada vez que nos movamos.

martes, 2 de agosto de 2011

Multitud

Siento el aura de las personas que me rodean, latiendo con fuerza, con ganas. El olor del miedo y del sudor no pueden ocultármela. La sangre late.

Hoy he salido de mi camilla y he bebido y comido como las personas. La sensación de tener algo en el estómago es rara. Me he cerrado al mundo de las energías por un tiempo, pues me es necesario tener el cuerpo a tono para lo que vendrá.

Hemos caminado-rodado hacia El Carpio, donde se ha formado el servicio médico de este ala del ejército.

Las calles están repletas de gente. Gente que ha pasado por el filtro del terror y ha vuelto. El Nuiz crepita en todas las miradas. Tanto los que han logrado enfocarlo como los que no, crepitan. Los que lo han enfocado, desde luego: Hidalgo, Rebeca, Rolando, Pilar, Rosario, No-Faustino (lo sigo llamando así, me gusta). Los amigos de los blogs y muchos más, tienen también un brillo definido y claro. Pero también los que han pasado por el viaje superando dificultades sin cuento, venciéndose a si mismos, tienen un perfil que nunca hubiera podido imaginar.

Las barreras se están volviendo sutiles.

He decidido estar en mi cuerpo para fortalecerlo, si. Pero no es la única razón: me vigilan los demonios que me han seguido desde el abismo. No recuerdo dónde estaba ese lugar. El regreso violento me provocó un trauma que ha quemado buena parte de los recuerdos.

Paseo por las calles tranquilamente. Me calo las gafas y me siento a descansar en cualquier parte a cada poco. Llevo una cantimplora con una especie de suero que ha improvisado el equipo sanitario, con varias porquerías mezcladas, como proteína líquida. Es una especie de líquido baboso e insípido, como beber mocos de bebé o algo así, pero no me quejo. Poquito a poco, a sorbos, me alimento.

Esta mañana he estado con Hidalgo. Le he visto libre y desnudo (figuradamente, claro). Hemos estado hablando tranquilos, tomando el sol de la mañana. Pero luego lo he perdido y me he quedado vagando, vagando. También he visto a Adela, de lejos, con el grupo Catalán-Francés. Pobre, y pobre de mi. El aislamiento y la tensión han sido demasiado para nuestra relación. Había autenticidad, cariño. Ahora queda... ah, no me voy a poner estupendo. He sentido la tentación de lloriquear vía blog. Seguiré concentrado en la multitud. Hombres, mujeres, algunos niños también. Un río de gente. Un río de libertad.

De vez en cuando doy un vistazo al otro lado, rápido, discreto. Me refugio en un rincón, me hago un ovillo momentaneamente y miro. Ahí están los demonios contra los que me ayudó Hidalgo el día de la emboscada. Se que no pueden ver bien este lado. La fuerza se lo impide, el brillo del que hablo, el que rodea la multitud valerosa. Pero mi aroma no se les despinta.

Y de vez en cuando pienso en ese abismo que vi. Era atrayente, hipnótico. Tengo que hacer un esfuerzo en no pensar. Me vuelvo a refugiar en la multitud entonces.

Ahora me voy a intentar descansar. Estamos en un polideportivo municipal. Bastante bien organizados. Han puesto esterillas a los lados, y el equipo sanitario atiende ampollas en los pies, desnutrición, infecciónes variadas... y algunas cosas peores.

Dulces sueños, queridos míos.

Cuadrandoiro

Soy el burrito Brau
por aquí verás lo que suelo leer