martes, 2 de agosto de 2011

Multitud

Siento el aura de las personas que me rodean, latiendo con fuerza, con ganas. El olor del miedo y del sudor no pueden ocultármela. La sangre late.

Hoy he salido de mi camilla y he bebido y comido como las personas. La sensación de tener algo en el estómago es rara. Me he cerrado al mundo de las energías por un tiempo, pues me es necesario tener el cuerpo a tono para lo que vendrá.

Hemos caminado-rodado hacia El Carpio, donde se ha formado el servicio médico de este ala del ejército.

Las calles están repletas de gente. Gente que ha pasado por el filtro del terror y ha vuelto. El Nuiz crepita en todas las miradas. Tanto los que han logrado enfocarlo como los que no, crepitan. Los que lo han enfocado, desde luego: Hidalgo, Rebeca, Rolando, Pilar, Rosario, No-Faustino (lo sigo llamando así, me gusta). Los amigos de los blogs y muchos más, tienen también un brillo definido y claro. Pero también los que han pasado por el viaje superando dificultades sin cuento, venciéndose a si mismos, tienen un perfil que nunca hubiera podido imaginar.

Las barreras se están volviendo sutiles.

He decidido estar en mi cuerpo para fortalecerlo, si. Pero no es la única razón: me vigilan los demonios que me han seguido desde el abismo. No recuerdo dónde estaba ese lugar. El regreso violento me provocó un trauma que ha quemado buena parte de los recuerdos.

Paseo por las calles tranquilamente. Me calo las gafas y me siento a descansar en cualquier parte a cada poco. Llevo una cantimplora con una especie de suero que ha improvisado el equipo sanitario, con varias porquerías mezcladas, como proteína líquida. Es una especie de líquido baboso e insípido, como beber mocos de bebé o algo así, pero no me quejo. Poquito a poco, a sorbos, me alimento.

Esta mañana he estado con Hidalgo. Le he visto libre y desnudo (figuradamente, claro). Hemos estado hablando tranquilos, tomando el sol de la mañana. Pero luego lo he perdido y me he quedado vagando, vagando. También he visto a Adela, de lejos, con el grupo Catalán-Francés. Pobre, y pobre de mi. El aislamiento y la tensión han sido demasiado para nuestra relación. Había autenticidad, cariño. Ahora queda... ah, no me voy a poner estupendo. He sentido la tentación de lloriquear vía blog. Seguiré concentrado en la multitud. Hombres, mujeres, algunos niños también. Un río de gente. Un río de libertad.

De vez en cuando doy un vistazo al otro lado, rápido, discreto. Me refugio en un rincón, me hago un ovillo momentaneamente y miro. Ahí están los demonios contra los que me ayudó Hidalgo el día de la emboscada. Se que no pueden ver bien este lado. La fuerza se lo impide, el brillo del que hablo, el que rodea la multitud valerosa. Pero mi aroma no se les despinta.

Y de vez en cuando pienso en ese abismo que vi. Era atrayente, hipnótico. Tengo que hacer un esfuerzo en no pensar. Me vuelvo a refugiar en la multitud entonces.

Ahora me voy a intentar descansar. Estamos en un polideportivo municipal. Bastante bien organizados. Han puesto esterillas a los lados, y el equipo sanitario atiende ampollas en los pies, desnutrición, infecciónes variadas... y algunas cosas peores.

Dulces sueños, queridos míos.

viernes, 29 de julio de 2011

El abismo

Estaba al borde del abismo, en el otro mundo, cuando ha caído el coche de Lucrecia y de Lorena. Pasado el abismo ,que he encontrado en el mundo del nuiz, todo puede ocurrir. Es horrible pero fascinante.

El otro mundo es... ah, cómo explicarlo.

La vida es vibración: todo lo que es, vibra. El mundo físico comprende todas las cosas que vibran dentro de unas determinadas frecuencias. Todo lo que somos, evidentemente comprende muchas más cosas que el mundo físico, tal y como lo vemos, pero son controladas por nuestro subconsciente.

Lo que yo hago lo hace mucha gente, sin darse cuenta, mientras duerme. Otras cosas que pasan en nuestros sueños son, por supuesto, quimeras de nuestra mente.

El universo real, como el físico, está poblado de una inmensa variedad de vida. Vida que incluye tanto seres con los que guardamos afinidad, pero también con los equivalentes de los gusanos, las arañas, los seres peligrosos o venenosos.

Nuestros demonios son, en realidad, seres que vienen del vacío, hambrientos de luz. Han entrado... jajaja, pues por el punto más débil. ¿Conocéis el cuento del aprendiz de brujo? Si. Este mundo es una escuela. Y muchos de nosotros, los aprendices, la han cagado pero bien.

Somos los aprendices y tenemos una liada del copón en casa del maestro. Tanto que puede que el mismo maestro esté amenazado. Eso no lo se, claro. Cuando miro al sol no veo nada, aunque sé que es la casa de los espíritus que "juegan" con nuestros cuerpos.

Eh, ¿a que molo, pequeños saltamontes? Es que rulando por el mundo del espíritu me he topado con unos monjes tibetanos, en peregrinación por el mundo del Nuiz, en plan ángeles guardianes de lo que pillen. Prana lo llaman ellos, no nuiz. Me han contado que es un tipo de energía que no se puede meter en una retorta, o en un tubo de ensayo. Una energía-materia que está compuesta de moléculas que vibran a una frecuencia diferente de la del mundo físico. Que normalmente es "transparente" a lo físico, excepto si se tiene el "oído musical" de hacerlo sonar en un armónico que, aún estando muchísimas octavas por encima, lo afecta. Algo así como cuando la típica diva hace sonar un do de pecho que hace que se quiebren los cristales.

Siento mucho no haber podido ayudar a Rebeca Goyri. Me temo que estaba demasiado ocupado, primero, buscando un sensitivo para blanca y para su grupo: Blanca, fíjate en un muchacho con muchas cicatrices. El sufrimiento ha afinado sus percepciones. Esto suele suceder cuando se sufre, si. El que vive bien suele quedarse demasiado apegado a la tierra.

Segundo, he estado hablando con los tibetanos. Tienen mucha experiencia. Pero lo que me han contado, aunque coherente, pues no creáis que me lo creo a pies juntillas ¿eh? Desde luego no he visto mucho que lo corrobore, excepto lo obvio, claro. Lo que estoy viento ahora. El abismo. El agujero.

Aquí como ejemplo. Son unos tipos muy majos. Quitando el pequeño detalle de que uno de ellos apareció en pelotas, porque se había desconcentrado por el camino, pensando en otras cosas. Sus trajes, como es lógico, son imaginaciones suyas. Algo para presentarse en sociedad. Nos reímos mucho todos cuando se dio cuenta, por la cara que puso. Me han ayudado a descubrir a tu sensitivo, Blanca. Recuerda: un chaval cubierto de cicatrices.

Los dejé encaminándose al reino de la madre. Aquel lugar donde han hecho prisionero al grupo de Rebeca. Quizá puedan salvar a algunos de los casos perdidos. Tienen mucha importancia los casos perdidos, como yo lo fui. Suele sobresalir en el Nuiz. Lo que no te mata... ya sabéis.

Tercero, ya os lo he avanzado. Ah, ahora me acuerdo. El agujero. He vuelto a mi cuerpo para pediros ayuda. Con todo el jaleo, me encuentro en la ranchera solo. Casi no me puedo mover. Idiotas, venid a verme. Ya me están entrando calambres en los dedos. Y la tristeza, la terrible tristeza de la soledad. Me voy adaptando a mi cuerpo, y olvido cosas. Venid corriendo. Dejad de buscar por el barranco, cabrones. Había algo en el abismo. Es un agujero que se abre en el mundo paralelo. Parecía vacío pero no lo estaba. Y me quedé fascinado mirando esa nada, sin darme cuenta del sonido de una extraña nariz olfateando en la oscuridad. Lejos, muy lejos.

Mi cuerpo escuchó los gritos. Sentí un tirón del cordón de plata que me une a él. Me desperecé. Comencé a sintonizar con el mundo. Ah, qué desidia volver. Pero puede que me necesitaran. Un pensamiento, solamente un segundo y ya estába ahí. Mi cuerpo de nuiz flotando por encima de esa cosa en la que me tenía que meter. Tumbado en una ranchera con capota. Con un goteo por la vena y la alimentación nasal. Delgado y pálido. Algo me hizo darme la vuelta antes de caer en mi cuerpo físico. Una entidad me había seguido la pista.

Entrar en un cuerpo que vibra a una frecuencia distinta es algo así como saltar de un autobús en marcha. Tu cuerpo físico es el suelo. El autobús es tu cuerpo del nuiz. Si no estás concentrado, el talegazo es tremendo. Sientes dolor de cabeza y se te olvidan cosas. O te quedas paralítico durante un tiempo.

Solamente tengo el control de mis manos. Me dedico a divagar y a contar cosas, confuso. Porque no me doy cuenta de que el demonio, que me ha seguido aquí, está tratando de... jjl.. a`+ÇLTEMOR DE QUE....KÑLKI

miércoles, 20 de julio de 2011

Viajes.

Qué manera más torpe de representarlo, ¿verdad? De los que por aquí andan, compañeros, quizá Hidalgo, Rebeca, Radar... quizá alguno de ellos sepa hasta qué punto es torpe. Todos aquellos que tengan un Nuiz de tipo sensitivo. O los que recuerden sus sueños. Porque es la manifestación más común del Nuiz: salir a viajar mientras duermes, pero una de las más complicadas de dominar.

Pero prefiero este esquema a los dibujos pastelosos que pululan por la red en torno a estos viajes. Nada más alejado de la realidad. Repito que quien haya visto, lo entenderá.

Yo consigo controlar mi cuerpo mediante una especie de bloqueo. Pero no puedo hacerlo de manera violenta, pues esto me llevaría inmediatamente de vuelta.

Lo complicado es que no se quiere volver.

Estos días he estado fortaleciendo mi cuerpo, limitándome a hacer ejercicios físicos, por prescripción médica. No porque me haga daño. Lo que pasa es que no mover el cuerpo durante días lo deteriora sensiblemente. Tras mis primeros vuelos, que a mi me pareció que duraban muy poco, pero que duraron días, mi cuerpo casi muere definitivamente.

Luego estuve algún tiempo alternando, hasta el ultimatum. No era que Adela ya no me quisiera, por culpa del abandono y del maromo con el que se junta. Es que tenía que prepararme para volver a pasar bastante tiempo fuera de mi, fortaleciendo el cuerpo.

Ahora conduzco manadas humanas para llevarlas a la batalla. Ahí está la batalla. ¡Al sur! He conocido a Radar. Je, es un tipo majo. Sus pensamientos me han sido de mucha utilidad, con el magnetismo que emite. Los he usado de patrón muchas veces.

Sé que hay criaturas de naturaleza opuesta a los demonios: ángeles. Pero de Dios no he tenido noticia alguna, sin embargo. Siento tener que decepcionar a muchos. Además, los ángeles no hacen ni caso. Son vagas personalidades en torno a las luminarias celestes, y en torno al sol, sobre todo en torno al sol. Hay ciudades en los cielos, pero tienen su propio ritmo y no se aprecia relación con nosotros ni con los demonios. Estamos solos, por lo que se.

Todavía quedan restos del ejército. Algunos están en un bando, otros en otro, pero en general la situación es caótica. De las grandes instalaciones energéticas, como el acelerador de partículas de la UE ni idea. Pude presenciar la destrucción del portaaviones de la armada Española, el Príncipe de Asturias. Un espectáculo.

Yo estoy aqui. Con el portátil, un goteo en el brazo, dispuesto a sumergirme de nuevo. De nuevo adelgazando, consumiéndome.

Pastoreando manadas de hombres a la guerra.

He visto a los actores en el mundo y los voy conduciendo, transmitiéndoles sueños. He visto los ejércitos. No al enemigo, aunque se distinguir un lugar vacío, y por eso localizo sus posiciones.

jueves, 30 de junio de 2011

Volando

He parado unas horas en mi cuerpo. Cada vez está más estropeado. Voy a estar unos días aquí... pero eso me llena de una tristeza tan enorme que no puedo expresarlo con palabras.

No sabéis lo que es volar.

Estos días he visto terribles desgracias, matanzas, cuerpos mutilados, tremendas luchas. Pero en el viaje del Nuiz uno se ve inmerso en una especie de burbuja de "energía positiva" que arrasa con todo y deja una sensación de euforia incomparable.

Los ejércitos están en formación. He podido comprobar cómo funcionan varios tipos de Nuiz que no había visto nunca. La gente que acostumbra a entrenarse en artes marciales (el grupo de Nofaustino y de Andy, por ejemplo) puede que termine desarrollando una ingravidez muy útil en la lucha.

Adela se ha distanciado mucho de mi. En el campamento todo está muy avanzado. Han muerto varias personas, y se nos han unido otras. El lloc de la Senyora Escola se está haciendo moderadamente famoso.

Pero aquí vienen, no me dejarán seguir en el ordenador. El doctor me ha recomendado ejercicio, para recuperar masa muscular. Saludos a los que he visto por el mundo del Nuiz. Si supierais, ah, si supierais.

Nuestros Ocellets se están reproduciendo a marchas forzadas. De momento la aviación del ejército los mantiene a ralla... bueno, digamos que están en empate técnico... vuelan demasiado despacio y maniobran mejor que ellos. Pero pronto ya no va a ser así, porque las hembras son inmunes al daño normal. Pronto se harán con el control del aire. Y otra cosa: se alimentan. Nosotros vamos tirando, por ahora, pero están acabando con todo lo que respira en muchas millas a la redonda. Las crias acaban con las presas pequeñas, los grandes acaban con la caza mayor. Aunque tenemos ganado, dentro de un año alimentarse será un problema. ¿Y ellos? Acabarán con todo, seguramente, pero para cuando eso ocurra igual ya no nos importa un pimiento.

Ah, qué tristeza estar en éste cuerpo débil. Es como si te pusieras ropa húmeda y fría, incómoda. Aquí me siento verdaderamente como un gusano miserable.

Saludos. Posíblemente no me dejen ni acercarme al ordenador. A lo mejor Adela se anima a escribir algo, pero no lo se.

Comienzo mi recuperación física.

jueves, 23 de junio de 2011

El rey.

He aquí el Rey. Viene el rey. Que viva el pinche Rey.

Hemos estado muy ocupados por aquí. Sant Climent de Pal es ahora un lugar fantasmagórico. Es uno de los lugares que he visitado en mis sueños. Hidalgo está demasiado bloqueado. Ha manipulado a fondo las mentes de nuestros compañeros. Más que yo. El precio no se hace esperar. Las defensas naturales que todos tenemos actúan y crean ruido en torno a él. Sin embargo ha seguido viendo claramente parte de lo que pasará. Viene el rey. Podéis imaginaros esa misma actitud en una criatura que nada tiene que ver con nosotros. O que tiene demasiado que ver, pero en el mal sentido.

Viene el rey, pero a mi no me paraliza el terror. Viene por fin... caerán ejércitos a sus pies, pero la meta ha quedado bien visible. Caerán hombres y mujeres valientes, pero quedará al descubierto su apestosa majestad, pues descubrir al rey tiene algo de debilidad en cualquier partida de ajedrez. Dejadme que use esa analogía: uno sitúa las fichas a lo largo de la partida centradas en la posición de la pieza a defender. Una brecha, cualquier estrategia que haga que el rey se mueva de su sitio, no solo hace perder una jugada al contrario, además desvirtúa todas las posiciones que ha organizado. Ahora el punto que defienden es un cuadro vacío: el rey se ha tenido que mover.

Hemos puesto al campamento un bello nombre, en el proceso de volvernos a humanizar: El Lloc de la Senyora Escola, El Lugar de la Señora Escola.


Todo ha cambiado mucho. Han caído árboles, varios de los hombres han ido a aprovisionarse a pueblos cercanos. Yo he ido mirando, en sueños, cómo estaba cada sitio. Explorando. Lo único que no puedo hacer es mezclarme con nuestros Ocellets en un mismo lugar. Se defienden de mi. Me expulsan. Pero si que puedo mirar por dónde han pasado. Así que la gente va por esos lugares, donde no queda nada que les guste de comer, y pillan lo que pueden. Me entra el sueño. Parece que hay poca gente cerca, ahora.


Cuidaos mucho los que estéis en un ejército. ¿Os acordáis de aquello de hacer de carne de cañón?


Es posible que os visite durante mis sueños. Ahora vagaré por los aires. Nunca he sido tan feliz.


Adela se junta mucho con un tal Peret. Me temo que no la atiendo bien. Estoy a lo mío, en otro mundo, en otros lugares.


Sant Climent de Pal es un sitio muerto ahora... una pena. Lloraría si pudiera, pero desde que aprendí a volar me cuesta mucho. ¿Será peligroso este entusiasmo que tengo? Atended, puede que vaya a veros en sueños. Si veis un tipo volando, translúcido, delgado, con gafas y camisa a cuadros, procurad hacedle caso. No se dónde me llevarán los vientos del Nuiz. Se intelectualmente que esto es arriesgado, puede que un día no me vuelva a despertar, pero no puedo parar, comprendedlo. He aprendido a volar y no puedo detenerlo. No todavía.

lunes, 13 de junio de 2011

La batalla dels ocellets

Ya la llaman así: la batalla de los pajaritos. Varios muertos, a los que acabamos de enterrar, y varios otros que al decir de Jordi, el médico, es muy posible que no puedan sobrevivir.

Vinieron con conocimiento y resabiados. Llegó una hembra a destrozar el ramaje que cubría el campamento. Los disparon no le hacían nada. Las hembras son casi el doble de grandes que los machos. Las ramas no le herían, nada le hacía daño. Nos pilló en en un momento en el que Hidalgo, el único que podía luchar con ella, no estaba.

Nos han estado espiando, seguramente. Los pequeños, los recién nacidos llegaron por el subsuelo, cavando. Debían haber estado un tiempo preparándose, a bastante distancia bajo tierra. El faro se volvió loco, como nos contó Hidalgo, pero nosotros estábamos en el campamento y no lo supimos. Y el pinche móvil volvió a fallar. Afortunadamente Hidalgo contaba con apoyo, y estaba con la mosca detrás de la oreja desde hacía unos días.

Mientras estábamos entregados a la hembra el suelo comenzó a moverse. Un árbol se tambaleó. El suelo estalló en unos gusarapos con pseudo alas acabadas en garras, y picos afilados con dientecillos tiernos pero peligrosos. Unos gusarapos como terneras, tendría que añadir. Lo de gusarapo es un comparativo que tiene más que ver con las proporciones de su raza que con la nuestra.
El hedor era insoportable. Toqué a cuantos pude, para organizarnos. Pero a la primera muerte, la de la señora Escola, que sostenía a su hijo en alto mientras la devoraban las piernas, mi empatía se volvió contra mi. Me agarró su dolor de manera aplastante. Todo se nubló, el mundo se hizo dolor y no vi nada durante unos segundos eternos.

¡¡Acabeu amb ells, em cago en la puta!! ¡¡Els nens, a les pedres...!! ¡Armes! ¡Armes! ¡Deixeu a la gran i a per els petits!!


Lo primero que escuché fue la voz de Franco, gritando en catalán. Venía con Hidalgo a la espalda, en un arnés que le han hecho para la ocasión. Ni que decir tiene que no estaba pensado para el viejo, ahora está con una lumbalgia que no es ni medio normal. Así y todo, se lo echó al hombro y bajó la cuesta como alma que lleva el diablo. Hidalgo me tocó. Me indicó el camino. La señora Escola estaba resistiendo de algún modo. Mi empatía no funcionaba inteligentemente, pues ella si estaba resistiendo su dolor. De hecho sentí un pensamiento que llegó de ella, un desdén no exento de cierto cariño: ¡hombres! Llegó cuando la descargaron de su hijo y pudo utilizar las manos para sacarle los ojos al gusarapo que le había destrozado las piernas.


Más allá del éxtasis, más alla del dolor, pero no rechazando, sino aceptando como una fiesta, dejando que pasara por ella y a través de ella, para que cuando hubiera pasado no hubiera nada, solo estuviera ella. No tuve más que tocar aquella parte, y volar con Hidalgo.


No recuerdo mucho. Murieron algunos. He estado como tonto durante todos estos días, casi como un vegetal. Fué un torbellino de sangre y sensaciones que me hizo sentir libre, terriblemente libre. No he parado de repasarlo en mi memoria, segundo a segundo, pero todavía no logro interpretarlo correctamente, no se si me explico. Veo imágenes, pero no se lo que veo. Oigo cosas, pero no se lo que oigo. Huelo aromas intensos, pero no los reconozco. Me duele todo, pero no se a quién pertenece mi dolor... Saboreo un manjar exquisito, delicado, pero no se lo que estoy devorando, y no se si es agradable o no.


Ahora es de noche. He salido al porche, a sentarme a fumar, a la luz del farol. Es mortecina, gracias a todos los dioses. Estamos vivos. Aunque me han dado "vacaciones" se que mañana tendré que trabajar, porque no se puede desperdiciar ni un gramo de fuerza y la gente ya me mira ligeramente de lado.


A la hembra no pudimos acabarla, se, me han contado que Hidalgo le hizo algo que no le gustó nada. Los gusarapos eran relativamente débiles. Hemos perdido gran parte de nuestro equipo, pero afortunadamente se han salvado las drogas y Jordi, el doctor. Me río. Con lo que me gustan estas cosas. 


Bien, aquí estamos. Sobreviviendo.

sábado, 4 de junio de 2011

Ocellet

Pues si, el pajarito. Hoy andaba todo el mundo discutiendo si talar unos cuantos árboles o no. Yo ni me enteraba. Había bajado a donde está el campamento, pero entre el catalán, el frances y el castellano chapurreado me estaba haciendo un lío.

El argumento en contra (se ha mostrado cierto) era el de que los árboles, en realidad, nos protegían de los Ocellets (pajarito en catalán) que es como llaman por aquí a los Nagishi. A los diablos voladores. Bien lo saben ellos. La madera hacía falta para no se qué. A todo esto, nos habíamos olvidado de mirar el chivato, el farol que denuncia la proximidad de los diablos. Todos menos Hidalgo, claro, que suele estar en casa, entregado más que yo (tiene más aguante) a nuestro escaneo de los alrededores. Digo alrededores, pero lo contamos por cientos de kilómetros. He de decir que, excepto a Pilar, ya os hemos captado todos. Aparecéis alto y claro. Pertrechados del google maps, de un péndulo y de muchos analgésicos (causa dolor una exploración del Nuiz a tan gran escala) sobrevolamos como buenos Ocellets toda la península y parte de Francia.

Andábamos en nuestras disquisiciones sobre si cortar uno o dos árboles para dejar sitio a otra casa prefabricada cuando escuchamos la voz de Hidalgo. Venía arrastrándose por la ladera abajo. Luego me ha contado que bajó con la silla a lo loco, que frenó contra un zarzal, y que siguió como pudo, porque el farol se había vuelto loco y nadie escuchaba el "pinche móvil". Entonces fue cuando vinieron los pajaritos.

Todo el mundo se dio cuenta de lo que decía Hidalgo. Sentí una manipulación en el Nuiz. Me di cuenta de lo que intentaba hacer y le seguí la onda (nunca mejor dicho esto de seguir la onda, muchas expresiones tienen que ver con percepciones subconscientes del Nuiz). Inmediatamente el caos que se estaba comenzando a formar se trocó en organización cuasi militar. Los niños se escondieron bajo los coches, en las casas, en una pila de palés que había cerca, entre los arbustos... y en fin, aquí estamos, lo hemos contado.

Ahora las mujeres están probando a cortar y congelar unas cuantas arrobas de carne de Ocellet.

Yo tengo un dolor de cabeza que ni podéis imaginar. Pero estoy satisfecho.

Adela se portó estupendamente, tiene los ovarios de plomo. No necesitamos "tocarla" en ningún momento. Cuando casi se la llevan sentí que se me paraba el corazón. Todo se detuvo por un momento, al dejar de apoyar a Hidalgo por puro terror. Pude controlarme, no se cómo. Creo que fue él, Hidalgo, quien me ayudó. Por un momento todo el mundo luchó totalmente solo. En compañía pero solos. Y salvaron a Adela. Se me hace un nudo en la garganta de pensarlo. Pero estamos aquí. Vivos. Esta noche cenamos Ocellet.

Cuadrandoiro

Soy el burrito Brau
por aquí verás lo que suelo leer