jueves, 21 de abril de 2011

En manos de Dios

En casa otra vez. Llevo toda la tarde discutiendo con Adela, que piensa que estoy teniendo una recaída. Pero no es así, o por lo menos no es como ella piensa. Son cosas de mi pasado. No es necesario hablar de eso. He podido bregar con ella y con el malestar que tengo por todo el cuerpo.

Los médicos dicen que tengo una antigua lesión pulmonar que, posiblemente a causa de la ansiedad y del tabaco, y de otras cosas... me ha causado una hemorragia, con el consiguiente encharcamiento. Además me ha salido una úlcera en el estómago. Por suerte no hay ninguna infección seria. Me han dado varias medicinas y me han recomendado reposo. Ahora soy un hombre de baja...

Aguanta Hidalgo.

Anteayer mi locuelo se tiró delante de mi coche, cuando llegaba al trabajo. Gritaba algo que no pude entender. Bueno, ya os ha contado Adela. Ya no pedirá más tabaco a todo el que pase: hacía el gesto de la victoria, acercándose la mano a la boca con un gesto evidente del que quiere un pito y se reía como un niño.

Publico esta entrada bajo el título que veis, pero no os llaméis a engaño. Estoy más convencido que nunca de que Dios no existe.

Tengo otra seguridad: guiados por la intuición, en alas de la fantasía o de lo que quiera que han podido encontrar en sus vidas, los escritores que hacen a conciencia su trabajo, dejan pequeñas perlas que solamente se muestran al que los lee completamente sumergido en su universo. Hace mucho tiempo leí a un autor de ciencia ficción, Frank Herbert, que ha dejado lo que, para mi, son dos de estas perlas:

"No conocerás el miedo, el miedo mata la mente, el miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total.
Afrontaré mi miedo, permitiré que pase sobre mi y a través de mi, y cuando haya pasado, volveré hacia adentro mi ojo interior y escrutaré su camino.
Ahí donde haya pasado el miedo, ya no habrá nada, solo estaré yo."

"Estoy ante la sagrada presencia humana. Así como estoy, estaré algún día. Ruego a tu presencia que así sea. Permite que el futuro permanezca incierto por que es la tela que recibe todos nuestros deseos.
Así se enfrenta la condición humana a su perpetua tabula rasa.
No poseemos mas que este momento en el que nos dedicamos constantemente a la sagrada presencia que compartimos y creamos."

Aguanta Hidalgo, intenta no explorar demasiado los caminos del futuro.

4 comentarios:

  1. Hola Brau, no le conozco de nada pero creo que entiendo un poco lo que siente después de pasar unos días en el hospital, con lugares que duelen que uno ni siquiera imaginaba que tenía y con cosas en la cabeza que se ven más claras cuando se ha estado al borde de algo.

    Espero que todo esto lo supere pronto y que tenga un poco de paciencia con Adela, comprenda que ha sufrido por usted y que ha tenido que enfrentarse sola a una emergencia dolorosa.

    Saludos
    Blanca

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  3. Tranquila Blanca, para igualar la paciencia que ha tenido Adelita conmigo, en el pasado, aún me queda mucho. Tengo mucha paciencia y mucho amor.

    Todavía me siento mal. Pero ahora mismo eso no es importante. Casi sería mejor estar pendientes de Hidalgo. Me parece que está siendo honrado y creo que lo está pasando peor que yo.

    Mira tú que no nos conocemos, pero es un pálpito que tengo. He visto que tienes su blog enlazado, saben los dioses por qué.

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  4. Brau, hay algo en estos días de mi vida y de la nuestra que me hace que... no... nada puede ser privado. Todo lo que hablemos es importante para alguien, y puede que alguien aprenda de nuestras palabras lo que no creamos que sea ni una lección.
    El otro día escribí borracho y hoy estoy sobrio.
    Y sigo en lo mismo.
    Estoy saturado de información. Ya advertí que mi disco duro era chiquitito.
    La amiga Rebeca me dijo que volviera a medicarmen jajajaja. Bueno, he aprendido que un porro a tiempo es una victoria.
    Resetear, amigo, para volver.
    Tengo un cuarto de invitados, espero que venga. Traigan maleta grande.
    Cuando vengan creo que ya no volverán nunca a su casa.
    Sé que lo sabes y sé que eso te da miedo y que ese miedo te demora.
    Hoy estoy sobrio, aunque el porrito me espera sobre la mesa, y sobrio sigo diciendo, pobrecita mi cabeza, que mi casa estará rodeada de demonios, y que si no me ayudas, yo no podré salvar a cientos de miles.
    Sé que no estás solo, y no me refiero a Adela, por la que, sin conocer, ya siento devoción. No estás solo y quienes te acompañan están escondidos. Y tú... no sé... aún no lo diré.
    Pero tú sabes que yo sé algo que te estorba en la cabeza, pero yo no te lo diré.

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