sábado, 23 de abril de 2011

El día en que vi la luz

¿Os ha pasado alguna vez? Duermes, pero estás despertando, estás consciente, lúcido. Sabes que despiertas. Estás en la frontera entre el sueño y la vigilia. Ese momento en el que recuerdas todo aquello que has soñado, también cuando recuerdas aquello que tenías planeado para el día y tienes la capacidad de visualizarlo.

Hay veces en que, sobre todo si hay algo urgente, intentas moverte y no eres capaz. Te encuentras paralizado, tu cuerpo, sencillamente, no responde. Normalmente, con alargar un ratito el momento, unos segundos quizá, todo se arregla. Se olvidan los sueños y comienza el día.

El día después de mi accidente, cuando Troco me salvó la vida, mi vivencia fue similar. No podía moverme, me estaba asfixiando. No podía respirar. Troco me lamía el rostro, pero yo no sabía que era eso baboso que me corría por la cara, y no podía moverme. No recuerdo qué soñé, no lo recuerdo nunca. Excepto aquella vez, que soñé, sencillamente, que caminaba por mi casa, a la misma hora del día, con la misma luz con la que desperté, vestido con la misma ropa con la que me vestí el día anterior: una camisa a cuadros de manga corta, un pantalón de pana y calcetines... Pero en esos instantes si que recordaba y sentía un terror que no tiene, sencillamente, nombre. Ahora mismo casi me cago en los pantalones, creedme. Tengo que sujetar mi imaginación para que no me dispare todo el cuerpo, atenerme a no pensar en ello.

¿De dónde viene la angustia? Leí una vez a un antropólogo definiendo la motivación del ser humano: era Marvin Harris en un libro en el que pretendía definir la especie humana. "Nuestra especie" se llama. No pienso en las conclusiones, ni en el desarrollo del libro. Eso no importa. Cuanto más lejos de las raíces del método escogido, la línea de razonamientos es más incierta: da igual la conclusión que sacara. Pero me sedujo el método: buscar las motivaciones en lo más sencillo.

La primera fué... el aire que respiramos.

Los psicólogos suelen hacer igual, buscan las raíces de la angustia en momentos y motivos sencillos y claros, para comenzar a rastrearla, conocerla y superarla. Luego... bueno, los resultados finales pueden ser de lo más dudosos, ya conocemos la típica figura del psicoanalista del chiste.

Mi angustia fue profunda. Cuando pude tomar la primera bocanada, lo hice con toda el alma: vi la luz.

A los fumadores nos pasa una cosa. El humo del tabaco nos sirve como de bala trazadora que nos indica, con la irritación que produce, por dónde pasa el aire hasta llegar a nuestro centro. Imaginaos la primera calada de un vicioso, como soy yo, que se ha quedado varias horas sin su tabaco. Multiplicadlo, llevadlo al límite, más allá del límite. Usad vuestra imaginación para rastrear el sentimiento de urgencia llevado al infinito. Te mueres y luego ya no te mueres y todo está bien.

Tras mucho tiempo en una semiinconsciencia llena de ruidos y conversaciones de hospital, abrí los ojos y vi a mi Adela. Sin invocarlas, me vinieron a la mente las palabras:

"Estoy ante la sagrada presencia humana... "

Llenas de luz.

Comenzé este blog en un tono cínico. Tenía por objetivo revelar poco a poco ciertas cosas de mi vida, piedras en las que tropecé y que quería marcar con el clásico de los mapas medievales: "aquí hay monstruos" Oh, si, oculto cosas, oculto muchas cosas, pero ya no soy un cínico. Como comencé, sigo diciendo: soy un burro, si; pero estoy en proceso de liberación.

Volveré a ese tono cínico, permitidmelo, por favor. Ya sabéis que la cabra tira al monte. Pero puede, puede que no sea desde aquí, puede que esté en otro lado cuando vuelva a escribir. Puede que la cosa esté muy malita cuando lo haga.

Antes de volver a mi tonillo, si: buscad consuelo en vuestro momento más fuerte del día. El momento donde sois más vosotros mismos, ese que os dedicáis. Repetid en él alguna frase significativa para vosotros, la que os proporcione más consuelo, más alegría. Respirad hondo cuando lo hagáis, sentid cómo no os falta el aire. Expuldadlo después, completamente, vaciando todo, metiendo la barriga para exprimiros al máximo. Volved a coger aire cuando lo necesitéis, ahí está, en abundancia, dandoos fortaleza. Recrearos en la fortaleza que sentís.

Cuando haya una crisis no tenéis más que recordar ese momento, os ayudará, como lo hizo conmigo.

Adela está siguiendo las instrucciones del amigo Hidalgo. Nos llevamos a Troco, espero que te gusten los perros, Hidalgo... dejo el maldito blog y voy a ayudarla un poco, que no se diga.

Ah, una última cosa, Adelita (Adelaida, en realidad) se ha hecho un usuario. A ver cuándo se anima a poner algo.

3 comentarios:

  1. ¿En serio vas a ir a casa de Hidalgocinis? Me estáis poniendo de los nervios. ¿Qué es eso de que la casa estará rodeada de demonios? Hombre, que hay que ser un poco lógicos. El asunto es que hidalgo no se medica correctamente (aunque en otros tiempos le hubiese alabado el gusto) y que tú acabas de pasar por un fuerte trauma.

    Todo tiene siempre una explicación. Y suele ser decepcionantemente real.

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  2. Bueno, cariño, un demonio es un demonio. ¿No tienes tú los tuyos? Mira que he leído tu Blog. Poco me importa si es imaginario o no, para tí es de verdad, guapa.

    Y cuando te piden ayuda, pues te piden ayuda. ¿No es real eso, acaso?

    Si quieres que lo plantee así, igual te quedas más tranquila. Entre tanto, respira, hazme el favor.

    Ahora nos largamos, ya está en marcha el coche, no se cuándo volveremos a escribir. Hasta siempre, blogeros, se os quiere.

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  3. Me das una alegría inmensa, Brau.
    La chica que viene a ayudarme os ha preparado un dormitorio. Os he puesto un computer conectado a internet aunque sea para unos días. Me da algo de verguenza decirlo, pero donde vivo es así como una mansión.
    Señorita Goyri, le diría que puede usted venir cuando quiera, pero creo que tiene que hacer cosas allí por donde anda.

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